
'El Solitario', a su llegada rodeado de policías fuertemente amados al tribunal portugués que le juzga por el último y frustrado atraco de los muchos que se le imputan. /Efe
Varios cargos en España
Giménez Arbe aún tiene que responder ante la Justicia española de casi una treintena de atracos, pero hoy ha afirmado que ni sabe los cargos que tiene pendientes ni se arrepiente de sus acciones. "No me arrepiento de haber asaltado ningún banco español, sólo me arrepentí aquí", ha subrayado para agregar más adelante que "era tanta la presión mediática sobre 'El Solitario ' que no podía llevar a cabo la lucha contra los bancos españoles" y optó por irse a Portugal.
En la supuesta decisión de no perpetrar su último atraco también ha pesado el hecho de que ya tenía dinero suficiente, ha asegurado, y "una novia y un proyecto de vida en Brasil".
'El Solitario', que también está acusado en Portugal de falsificación de documentos y matrículas y tenencia ilícita de armas y municiones, ha negado que fuera disfrazado con una peluca y sostuvo que su aspecto no era nada disimulado porque parecía "un pequeño supermán" a causa de su chaleco antibalas.
La declaración de tres de los policías lusos presentes en su captura desmonta su testimonio
En el momento de su detención, Giménez Arbe portaba un chaleco antibalas y armado, con una pistola, un revólver y un subfusil.
'El Solitario' aún tiene que responder ante la Justicia española de casi una treintena de atracos
El español Jaime Giménez Arbe,
'El Solitario', se ha declarado arrepentido sólo de su último y frustrado atraco en su comparecencia ante un tribunal portugués, durante la que varios policías han afirmado que estaba preparado para matar.
La vista del juicio del que fue el atracador más buscado en España durante la última década ha concluido tras el testimonio de dos horas de Giménez Arbe y el de tres de los policías lusos presentes en su captura, que han negado la tesis de que se arrepintió en el último momento de atracar un banco de la localidad lusa de Figueira de Foz.
Según los testigos, uno de ellos coordinador de la operación, organizada el 23 de julio de 2007 con las autoridades españolas, 'El Solitario' se percató de la presencia de varias personas -en realidad policías- y decidió que no se daban las condiciones para el robo. Fue capturado en las inmediaciones del banco, a 190 kilómetros al norte de Lisboa, con un chaleco antibalas y armado, según ha reconocido, con una pistola, un revólver y un subfusil.
Aunque Giménez Arbe, condenado ya a 47 años de cárcel en España por el
asesinato de dos guardias civiles, aseguró que el subfusil no estaba cargado, los policías han testificado que lo tenía listo para disparar y era un arma de calibre superior a cualquiera de las que ellos portaban.
'Lucha' contra la banca española
El tribunal que juzga a 'El Solitario', compuesto por tres jueces, ha decidido convocar nuevas sesiones el 19 y 20 de noviembre próximo, en las que serán oídos más testimonios.
El acusado ha asegurado que se había arrepentido de su acción en el último momento porque su "lucha" no es contra los bancos de Portugal, sino contra los de España y ha lanzado críticas de carácter político contra esas instituciones. Giménez Arbe ha intentado negar dos de los cinco cargos de los que se le acusa en Portugal, tentativa de atraco y resistencia a la autoridad, y ha asegurado que, además de arrepentirse de su acción, no pudo resistir de forma alguna a los tres fornidos policías que se le echaron encima sin haberse identificado.
Pero los agentes del orden, miembros de la Policia Judicial lusa, han puesto de relieve la peligrosidad del atracador y han asegurado que tenía un plan de escape y se revolvió en el suelo e intentó coger una de sus armas con la mano izquierda. Uno de los testigos afirmó que la policía española, que controlaba vía satélite los movimientos del coche de 'El Solitario', quería capturarle tras haber cometido el robo y no antes, pero este procedimiento se desestimó por su mayor peligro.
Por su parte, Giménez Arbe se ha quejado de que la policía lusa le había torturado con descargas eléctricas tras la detención y alegó que nunca se acercó a menos de cincuenta metros del banco. Su abogada, Ligia Borbinha, que había comentado la mala "organización" de la acusación contra su cliente, ha pedido al juez que le quitaran las esposas porque le hacían daño pero el magistrado alegó razones de seguridad y sólo permitió que se las aflojaran.