Cinco de veintisiete. Así, en letra parece menos hiriente. Pero los números duelen de igual modo a quien los firma en el capítulo de triples. Luke Recker está gafado. Atraviesa la peor racha de su trayectoria deportiva y no hay causa a la vista para descargar sobre ella la culpa del déficit que también desnutre al iurbentia. «Soy un tirador que no mete una», apunta con la serenidad de quien confía en que su muñeca vuelva a calentarse de un momento a otro. Él apuesta a que será este domingo en el Bizkaia Arena ante el Bruesa.
Como no le encuentra explicación alguna a su anemia triplista, el B-52 rebusca en su cabeza. Quiere encontrar el resorte que reactive su condición de especialista, de francotirador sin escrúpulos. Cuenta con algo fundamental para lograrlo: la confianza de Txus Vidorreta y de sus compañeros.
-¿Encuentra alguna explicación a su sequía anotadora?
-No. Estoy peor que nunca, pero esto es baloncesto. Estoy contento con mi vida y no ha habido ningún cambio ni problema. Es mi trabajo y me duele lo que esta situación afecta a mis compañeros, a Txus (Vidorreta) y a la afición.
-Su cabeza debe ser una olla a presión.
-Es difícil pensar. Quiero que el equipo gane y si juego bien sé que es la mejor aportación para ello. Soy un tirador y no meto nada, pero la mala suerte acabará pronto. Confío en mí, y Txus y los compañeros me demuestran en cada entrenamiento y partido que están conmigo.
-El entrenador le echó un capote enorme en Granada al mantenerle en pista pese a sus porcentajes.
-Sí, me da mucho apoyo dentro y fuera de la cancha. Si estoy aquí es porque él lo quiso hace tres años.
-En el último triple que se le salió el sábado del aro, ¿qué pensó?
-Me santigüé y estaba muy enfadado. El balón se quedó inmóvil sobre el aro antes de caer afuera. Necesito dos triples seguidos para que se acabe la que es la peor racha de mi carrera. Quiero jugar bien y ayudar. Lo necesito. Es mi trabajo, mi responsabilidad.
-¿Reza para que cambie su puntería?
-Rezo por mi familia, mis amigos, por la paz. Seguro que Dios tiene cosas más importantes de qué preocuparse que de mi baloncesto. Aunque una mano... (ríe). Pero no hay excusas, no puedo seguir así. Necesito cambiar mi cabeza.
-En el calentamiento del último partido le contabilizamos ocho triples en diez intentos. Luego, el primero que lanzó no tocó el aro y eso le pasó factura. ¿La solución está en la mente?
-Me gustaría saberlo. No he modificado nada en la mecánica de tiro. Hombre, lo mejor es tirar sin pensar en nada y eso ahora no me es posible porque sigo fallando. Lo que sí he cambiado son mis manías. He cambiado de calzoncillos, la comida... creo que para el derbi me voy a cortar el pelo. El baloncesto es una montaña rusa: ganas o pierdes. Si ganas, la vida es increíble; si pierdes, no es divertido. Lo bueno es que cada semana comienza una nueva vida. Mi primer año aquí empecé mal y el pasado tampoco empecé muy bien. Queda mucho tiempo para recuperar la confianza.
-Qué mejor forma que ganando el domingo al Bruesa.
-Va a ser difícil porque viene de ganar al TAU y cuenta con gente con mucha experiencia, Roe, Panko, Marconato, Popovic... Será un partido especial, como derbi que es, habrá mucha gente en el BEC y luego llegará otro partido en casa. Si queremos hacer algo de lo que nos hemos propuesto, tenemos que sacar los dos partidos. Eso es una ley.
-Analice el verdadero estado del iurbentia.
-Somos un equipo diferente al del año pasado, pero mantenemos buenos jugadores y buena dinámica. Hay confianza, buena gente. Lo estamos disfrutando, aunque los resultados podían ser mejores. Tenemos 27 partidos por delante más los de Europa. No son muchos. En lo que a mí respecta, necesito ser mentalmente más duro.
-¿Le apetece que llegue la hora de comenzar a jugar la Eurocup?
-Lo estoy deseando. Será la primera vez que juego una competición internacional y tengo muchas ganas. Para todos va a ser una experiencia increíble. Además de conocer otros países, ciudades y culturas, podemos hacer grandes cosas en la competición.