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Vecinos del Pagasarri denuncian voladuras nocturnas en las obras de la 'Supersur' aunque el Ayuntamiento de Bilbao ordenó suspenderlas hace meses

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Tranquilidad dinamitada
. Algunas viviendas están muy próximas a las obras de la autopista. / MITXEL ATRIO
El Pagasarri ha sido tradicionalmente la reserva de silencio del bullicioso Bilbao. De hecho, muchos amantes de la naturaleza han hecho de este monte, el pulmón verde más importante de la villa, su vía de escape al estrés cotidiano. Sin embargo, desde que la Diputación empezó el año pasado las obras de la 'Supersur' en el enclave -que incluyen la construcción de dos tramos de túneles- la tranquilidad se ha ido al traste. Así lo aseguran los vecinos que viven en las inmediaciones del colosal tajo. Según afirman los portavoces de la asociación de vecinos del Pagasarri -que representa a parte de los afectados-, las voladuras para horadar el subsuelo están «haciéndoles la vida imposible». Hasta aquí, una molestia comprensible, pero difícilmente evitable en un proyecto del calado de la nueva autopista. «Entendemos que tengan que hacer ruido, pero no que vulneren las normativas municipales y estatales del ruido -claman-. No nos quejamos porque sí».
Daniel Ereño, uno de los responsables de la asociación, vive en el barrio de San Justo, a escasos metros de las obras, y asegura que las empresas «se saltan a la torera la orden de no realizar voladuras después de las 23.30 horas» impuesta por el Ayuntamiento de Bilbao en junio, después de que los habitantes del enclave se quejasen de que las explosiones y el estruendo de la maquinaria no les dejaban pegar ojo.
Grietas en las casas
«Aquí trabajan dos UTE y parece que una de ellas va cumpliendo con los límites fijados por el Ayuntamiento, pero la otra, la de los túneles de Arraiz, no ha hecho nada por mejorar la situación», se queja. Según cuenta, el aviso municipal no ha inhibido a la compañía de hacer voladuras de madrugada. «Que va, las tenemos apuntadas. Sin ir más lejos, hace unos días hicieron una a la 1.45 y otra a las 6.00 horas», indica. Además, el estallido, «que causa vibraciones que se notan en toda la casa», no es lo peor. El sonido de las máquinas que extraen el polvo tras las explosiones es lo que más les mortifica. «Ruge como un motor a reacción y dura un buen rato», explica. Los afectados por los ruidos nocturnos creen que las empresas se saltan a la torera las normativas «porque van retrasadas con los trabajos y necesitan aprovechar las 24 horas del día. Y lo peor es que parece que aún van a tardar tres años en terminar los trabajos en esta zona. Esto no puede seguir así tanto tiempo, hay gente mayor que se desespera».
El descanso de los vecinos no es lo único que se ha resquebrajado en los últimos tiempos. Según denuncia la asociación vecinal -que ha presentado varios escritos al Ayuntamiento- en algunas viviendas de la zona han empezado a aparecer grietas y hay cantidad de polvo. «Claro, porque los camiones pasan a toda velocidad y con la carga sin tapar», lamenta Ereño, quien destaca que el esfuerzo institucional por minimizar el impacto de los trabajos es «insuficiente». «En algunas zonas, que no en todas, han puesto ventanas de PVC, mamparas, paneles, incluso secadoras para la ropa, porque no se puede colgar fuera por la suciedad», admite.
Según los estudios trimestrales que realiza la Diputación, «las medidas de los niveles de presión sonora equivalente en el periodo diurno han sido inferiores a los máximos permitidos». Asimismo, fuentes forales destacan que por la noche se han «autolimitado» ellos mismos, «aunque si hiciésemos voladuras sería legal», aseguran. Además, según añaden, el momento de las explosiones no siempre depende de ellos. «Cuando la goma dos llega tarde a las obras, por motivos de seguridad hay que utilizarla -detallan-. Muchas veces no depende de nosotros la hora en que se hacen las voladuras». Respecto a las explosiones de madrugada, el área de Urbanismo del Consistorio destaca que «ya hay inspectores sobre la zona» y que, si existen irregularidades, se sabrá «en breve».
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