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El futuro de la ciencia vasca pasa por primar a las élites y por apostar decididamente por la excelencia
27.10.08 -

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El lastre de la baja productividad y el reto de aumentar la calidad
Una científica, en un laboratorio de la UPV./ IGNACIO PÉREZ
La ciencia vasca goza de una salud buena, aunque mejorable. Con 959,3 millones de euros invertidos en I+D+i en 2006, según el INE, Euskadi es la tercera comunidad autónoma que más gasta (1,60%) en investigación respecto a su PIB, por detrás de Madrid (1,98%) y Navarra (1,92%). Sin embargo, ese esfuerzo no se traduce en una alta productividad.
En ciencia, la productividad se mide por la cantidad de artículos publicados en revistas en las cuales un trabajo sólo se acepta si supera el filtro de especialistas en la materia de la que trata. Así, si un experto en agujeros negros manda un artículo a una de esas revistas, serán especialistas en esos objetos astronómicos quienes examinarán con lupa el texto a la caza de errores y determinarán si se publica o no, o si el autor tiene que hacer modificaciones en el original.
Mientras que Cantabria alcanzaba en 2006 una media anual de 0,72 artículos por investigador, el País Vasco sólo llegaba a 0,23, según datos de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt). Euskadi estaba hace dos años en el pelotón de cabeza español en cuanto a inversión, pero a la cola en productividad científica. Es algo habitual desde hace años y se debe, en parte, a que hay bastantes menos investigadores que los que cuenta la Fecyt y, además, muchos de ellos no hacen ciencia.
Los más de 8.500 investigadores en activo que contabiliza el INE en el País Vasco están, a juicio de los expertos, muy lejos de la realidad. Dos son las razones: que la UPV cuenta con 4.000 profesores investigadores, pero sólo 1.500 hacen ciencia y el resto se limita a dar clases, según advierte Juan Ignacio Pérez, rector de la institución; y que las estadísticas oficiales incluyen como científicos a los tecnólogos, cuya productividad real se mide en patentes.
Aun corregida la desviación debida a esos dos factores, hay otro motivo para la preocupación, que la calidad de la ciencia que se hace en el País Vasco «está por debajo de la media española, a su vez por debajo de la mundial», indica el biofísico Félix Goñi. La media, no obstante, resulta engañosa, ya que hay en Euskadi varios grupos que se codean con los mejores del mundo y cuya productividad, en algún caso, no sólo es de la más alta calidad, sino que además llega a quintuplicar la media de la comunidad autónoma.
El futuro pasa, según los científicos consultados, por primar la calidad, por cortar la financiación a los investigadores que no consigan fondos de fuera y recompensar a quienes publiquen sus trabajos en las revistas más importantes. El reconocimiento del mérito y de la calidad es la clave. Hay que apostar por la excelencia, dicen.
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