Todas las obras, por pequeñas que sean, tienen un principio, una necesidad que aventaja a otras en la lista de prioridades. A veces el origen es una carta como la que una madre depositó en el buzón de sugerencias del plan 'Auzokide' en el centro municipal de distrito de Abando. La familia vive en Alameda Rekalde y su hijo, que sufre espina bífida, no puede llegar solo en su silla de ruedas al instituto Miguel de Unamuno porque las aceras no están rebajadas. El chaval tiene 14 años «y ya no quiere que sus padres le acompañen a clase», explicaba en el escrito.
Empleados municipales hicieron el recorrido con el joven estudiante y comprobaron que es necesario mejorar la accesibilidad no sólo para él, sino para otras personas que encuentran los mismos obstáculos en una zona tan transitada. Ya se ha reservado una partida de 330.000 euros para rebajes de aceras y orejetas -que amplían el espacio para los peatones en los cruces- desde la salida del instituto por Urquijo hasta Alameda Recalde, cerca de la sede de Sanidad.
Las peticiones son muchas y llegan por varios caminos. Cada mes unas 200 personas contactan con el área de Obras y Servicios a través de los ayudantes de barrio, los consejos de distrito o un contestador automático (94 420 30 86) donde se recogen sugerencias. Luego se hacen reportajes fotográficos y pequeños informes para evaluar las necesidades y la viabilidad de las propuestas. «Estamos abriendo cada vez más canales para que los vecinos puedan decirnos cómo hacer la ciudad más habitable», dice el concejal José Luis Sabas.
Una parcela inundada
Una ciudad donde, por ejemplo, uno no tenga que mojarse los pies para entrar en el coche. Esto es lo que le ocurría a un discapacitado que se hartó de ver cómo la parcela de aparcamiento que tiene reservada, en la zona de Novia de Salcedo, se inunda periódicamente. El Ayuntamiento va a cambiar los sumideros. Otra de las demandas ha llegado desde Arangoiti. Un terreno particular de Monte Ganeta, situado frente al colegio, se va a ceder al Consistorio para rehabilitar una zona muy deteriorada donde un chaval sufrió una caída.
Son actuaciones con nombre y apellidos que para muchos pasan desapercibidas y que concursan con otros proyectos dentro de un presupuesto siempre limitado. Lo que se conoce como obras menores, aunque todo depende de la cercanía o distancia con que se miren. Los jubilados de Irala han pedido que se pongan bancos en Juan de Garay para poder hacer pequeños descansos cuando salen a pasear. Y también hacen falta en otras calles. «Hay gente mayor que no sale de casa hasta que se pone un banco cerca de su portal», afirma Fran Víñez, subdirector de desarrollo de ciudad y distritos.