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José Luis vive en Madrid, tiene 48 años, lleva 12 en Telefónica Móviles y, a lo mejor, se prejubila antes de Navidad. Su salario es de 30.000 euros anuales y se hacía ilusiones para el futuro... ¿Y quién no? No veía descabellado llegar a los 48.000 de algunos. Pero, nada, resulta que ahora le proponen irse con un 70% del sueldo hasta los 61; y a partir de esa edad, se le reducirá al 34% (actualizado en un 2% anual desde la fecha de la baja). Y eso no es todo: su renta bruta mensual se calculará 'como si ficticiamente tuviera 53 años', es decir, que hay todo un lustro de trabajo que se volatiliza sin quererlo ni beberlo. La cantidad equivalente a 12 años se dividirá entre 17.
Visto este panorama, es comprensible que se encuentre preocupado. Todavía no ha firmado nada, eso sí. Queda pendiente el visto bueno de la Dirección General de Trabajo para que este ERE (expediente de regulación de empleo) pase a la Historia. Nunca se había aplicado una prejubilación masiva a trabajadores tan jóvenes.
Sólo existían precedentes en la Banca, pero, claro, mediante acuerdos individuales. En ese sector, no hay lugar para los ERE. ¿Quién confiaría su dinero a un banco que reajusta drásticamente su plantilla? El ministro Jesús Corbacho ya ha avanzado que «mirarán con lupa las condiciones de este acuerdo entre Telefónica y los sindicatos». A nadie se le escapa que si le dan salida, más de una empresa se subirá al carro para aligerar costes. La media de edad de las prejubilaciones ronda los 52 años y, a este paso, puede bajar todavía más. Y aviso para navegantes: el único factor determinante es la edad, nadie se libra de entrar en la lista de prejubilables. Los ERE reparten café para todos. Un trago amargo o no, según cada caso.
Lotería de Navidad
«A mí me consuela saber que la firma no quería que me marchara. Pero, bueno, los sindicatos dijeron que no podían hacerse excepciones. Por eso me fui. Pero, ya le digo, sin rencores. Vivo a cinco minutos de la fábrica y voy mucho a visitar a los amigos. ¡Hasta sigo jugando a la lotería de Navidad con ellos!», confiesa risueño José Comes, un ex ejecutivo de la multinacional Siemens en Barcelona que se prejubiló a los 55 años. Perdió las pagas extraordinarias y le congelaron el salario. Ahora tiene 65 y recibe una pensión mensual neta de 1.470 euros (con una penalización del 30% por haberse retirado anticipadamente). Para compensar esta pérdida le dieron unos 12.000 euros hace cinco años y otros 18.000 hace poco. «Mucho menos que en otras empresas», puntualiza con rabia contenida.
No obstante, enseguida le cambia la voz al recordar su segunda residencia en la montaña, donde pasa los fines de semana. Cada uno de sus tres hijos tiene una vivienda muy cerca, y ahora que hay nietos de por medio «sólo tengo ojos para el futuro». La vida le sonríe. Ha dejado atrás el limbo de los prejubilados, un estatus que confirma la existencia de la cuadratura del círculo. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que cotizan como activos, no trabajan y se les niega el carné de jubilado.
Están en tierra de nadie. Y eso puede ser muy duro cuando no se tiene el riñón cubierto y una familia comprensiva. «Nos consta que hay cerca de un 2% de suicidios, muchos divorcios, depresiones y trastornos psicológicos... ¡Cómo no los va a haber! Te presionan, te arrebatan el trabajo... ¡Y eso con poco más de 50 años! Una persona en plenitud de facultades. ¿A dónde vas con esa edad? ¿Quién te va a colocar? Por no hablar del perjuicio económico. Hay gente con más de 40 años de cotización que ahora tiene una pensión de 700 euros, al descontarle el 40%. ¿Que por qué? Porque se ha retirado antes de tiempo. ¡Y todo eso porque lo quería la empresa!», lamenta Iñaki Vicente, presidente de la Confederación Estatal de Prejubilados y Pensionistas. ¿Hay excepciones? Claro, como siempre: el ERE de RTVE garantiza el 100% de la pensión gracias a los complementos. Y en la Banca, se alcanza o ronda ese mismo porcentaje. Por citar sólo dos ejemplos.
El tema es confuso. Ni siquiera se sabe con exactitud cuántos prejubilados hay en nuestro país. Las estimaciones calculan más de un millón; y aumentan a razón de 70.000 al año. Su situación no está regulada y eso da pie a una variedad contractual complejísima; cada empresa hace de su capa un sayo a la hora de proponer al trabajador esta salida. Bien lo sabe José Luis Ortiz de Zárate, un ex jefe de Recursos Humanos, que firmó en 1996 su propia prejubilación y la de cerca de 50 empleados de la antigua fábrica de cremalleras Areitio, con sede en Álava. Aquel mismo día, cumplía 54 años.
«Los ERE se hicieron populares en los tiempos de la reconversión industrial, allá por los 80. En nuestro caso, la empresa fue absorbida y parte de la plantilla tuvo que prejubilarse. Y se hizo lo de siempre: dos años al paro, más una cantidad para redondear los ingresos. En mi caso, por ejemplo, me quedé con el 83% del salario hasta los 60», recuerda este vitoriano incombustible. Bien es verdad que sufrió una lipotimia «después de ver correr las lágrimas de los compañeros afectados»; sin embargo, al poco de salir de Urgencias sintió que renacía poco a poco... «Me fui tres días al monasterio de San Pedro de Cardeña, en Burgos, para encontrarme a mí mismo». Y vaya si lo consiguió: desde entonces, no se ha vuelto a sentir perdido ni un solo día. Sabe perfectamente a dónde va.
«¡A todas partes! Meto tantas horas como cuando estaba en activo. Además de presidente de la Asociación de Prejubilados y Jubilados no Voluntarios de Álava, soy vicepresidente de una asociación en favor de los deficientes mentales, colaboro en una emisora de radio como tertuliano, organizo charlas... Y no me pierdo ni un solo concierto u obra de teatro. ¡Soy un forofo! También voy a clases de Informática, me he diplomado en la Universidad de la Experiencia, en la UPV, y sigo yendo a clases optativas. Ahí he estudiado Literatura, Filosofía, Arte, Psicología... Ah, y también he hecho alguna optativa en la Facultad de Teología». Dicho lo cual, seguro que se deja algo en el tintero.
Sus hijos, que ya estudiaban en la universidad cuando se prejubiló, presumen de padre cada vez que le ven trotar por la calle. Y le agradecen de corazón la lección que les ha enseñado: «Uno crece mientras vive, no hay que pararse nunca, nunca...».
'Hospital Central'
Ahora bien, ¿qué pasa cuando te prejubilas porque estás quemado? Harto de unos y de otros. Con la adrenalina disparada y ganas de echar a correr. Pues, entre otras cosas, que puedes llegar muy lejos, ¿no? Ahí está, por ejemplo, José Tena, un prejubilado madrileño de Banesto que dio un salto espectacular. De los que dejan con la boca abierta. Como lo oyen. «Retomé mi vocación primera: el cine. Tenía poco más de 50 años y vi que era el momento. Ahora, con 58, hago de figurante en un montón de series ('Hospital Central', 'Cuenta atrás'...) y también salgo en la última de Garci, 'Sangre de mayo'. Hago de soldado francés, soldado español, de campesino baqueteado por los franceses...», cuenta con entusiasmo. A cambio, saca 25 euros y un bocadillo.
Con 40.000 euros brutos al año (un 90% del salario) tras haber sido responsable del área agraria de Castilla y León, se las arregla bastante bien. No se arrepiente de haber apostado por la Banca. «Era una cosa segura. Y no vea la de gente variopinta que había: periodistas, poetas, pintores, médicos... Todos ellos acabaron ahí y, oigan, eran excelentes profesionales». Por eso, no le extraña encontrarse con tantos prejubilados del sector financiero en los platós. «¡Conozco al menos a diez!».
Otros, como Manuel Rojas, del Santander, prefieren volcarse en los hijos. «Soy su asesor, secretario, ayuda de cámara... Lo que sea necesario. Sólo me preocupa su futuro. Tienen más de 30 años y no están emancipados. Yo dejé mi trabajo con 54, ahora tengo 60 y ellos todavía así. ¡Esto es el mundo al revés!». Qué tiempos aquellos, piensa, cuando se entraba en una empresa de botones y allí se quedaba uno hasta el final de su vida laboral. Aquello era como una gran familia, «donde te sentías un poco esclavo, pero en eso consiste el trabajo, ¿no?».
Mientras tanto, la prejubilación a los 48 años sigue encima de la mesa. ¿Saldrá adelante? Quién sabe. Un último detalle: el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tiene exactamente 48 años. Ya es casualidad.
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