Una lista elaborada por un organismo gubernamental norteamericano, en atención a nuestros indudables méritos. Méritos tan sonados como el de ser un país en el que se descargan ilegalmente 200 millones de producciones al año, en el que vulnerar los derechos de autor no está mal visto, en el que un 52% de los usuarios de Internet tiene a bien bajarse películas pirateadas o en el que cualquiera que proponga una reflexión o una autolimitación a la extrema libertad de los usuarios en Internet es tildado de retrógrado y represor. Y el caso es no deja de ser paradójico el contraste entre la falta de voluntad de la Administración a la hora de aplicar las leyes que protegen los derechos de autor en el cine, y el exceso intervencionista de una política de fomento cinematográfico que lleva tiempo demostrando su ineficiencia e inutilidad. En otras palabras, está mejor visto gastar dinero sin crear estructura industrial para el cine, que sancionar y aplicar la ley al tipo que filma con su videocámara en la sala o a los muchos particulares que integran la cadena de valor en la mafia del pirateo. Permisivos, pasivos y cómplices amables de copias y descargas, no podemos negar que vivimos en el paraíso del pirateo, en un país de piratas acomodados.
BALLET
Moderna deserción
La guerra fría es ya sólo un recuerdo de la historia. Y las deserciones de los grandes bailarines rusos en aquella época una página casi olvidada. Casi, digo, porque todavía está a punto de escribirse un nuevo capítulo en la materia. Se trata de Alexei Ratmansky, el gran bailarín de Leningrado y director y coreógrafo del Bolshoi, cuya contratación por el American Ballet Theatre de Nueva York es ya un hecho firme y evidente. Pero no se trata de una deserción al uso, es decir, con escándalo y a espaldas de una KGB burlada, sino de un contrato millonario, aceptado por las partes y perfectamente compatible con la globalización económica. Nada que ver, por lo tanto, con las históricas deserciones de Nureyev, cuyo abandono del Ballet Kirov en 1961 posibilitó más tarde su unión artística con Margot Fonteyn en el Royal Ballet de Londres; de Mijail Barishnikov en 1974 o de Alexander Godunov en 1979. Esta última ocasionó un grave incidente diplomático que afectó a las relaciones entre Jimmy Carter y Leonidas Brezhnev. Muy diferente, también, de la moderna deserción de Ratmansky, un genial bailarín y coreógrafo que ya había bailado con alguna compañía occidental, como el Royal Danish Ballet. Además, ya no es sólo que Ratmansky volverá al Bolshoi con una obra para la reapertura del histórico teatro ruso, sino que además su marcha al American Ballet Theatre de Nueva York está siendo precedida por el estreno en París con el propio Bolshoi de la obra 'Llamas de París', creada por Vaynonen. Un ballet, ironías de la vida, que era el favorito de Stalin. Curiosa coincidencia, sí.
ARTE
Malos presagios
No es por asustar, francamente, pero el mercado del arte no para de recibir avisos sobre una caída en los precios que presagia el final de los años felices. El último ha sido la semana pasada en Londres, donde un retrato de Francis Bacon pintado por Lucian Freud se remató por 1,5 millones de libras menos de lo estimado inicialmente. Una caída manifiesta, sobre todo si se compara con los 17,2 millones de libras pagadas el pasado mayo por otra pintura de Lucian Freud, que entonces logró un récord absoluto de mercado en obras de artistas vivos. Y no queda ahí la cosa, puesto que la semana anterior también una obra del siempre bien cotizado Andy Warhol quedó a más de setecientas mil libras de su precio estimado. Y es que la combinación de la crisis financiera, la recesión y la falta de liquidez tienen que afectar necesariamente a un mercado que en sus últimas citas sólo se ha sostenido en la cima gracias a las pujas astronómicas de algunos millonarios. De hecho, lo que ya se ha convertido en un rumor imparable son las dificultades de financiación con las que se están encontrando los compradores que pujaron hace unas semanas por las obras de Damien Hirst. No hay dinero para financiar proyectos industriales, claro, y mucho menos para costear los excesos en el mercado del arte. Incluso, ya se habla de muchos coleccionistas con problemas de liquidez, ofreciendo a la venta sus obras con descuentos nunca vistos hasta ahora. Lo veremos pronto. Por ejemplo, en las subastas de Christie's y Sotheby's del próximo mes de Noviembre. Malos presagios, ya digo.