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Los diseñadores redescubren la calidez y reclamo sensual del tejido más delicado
26.10.08 -

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En este melancólico otoño contenido por la crisis económica, la moda se descubre e insinúa sin enseñar todas sus cartas, pero desplegando una descomunal carga sensual; en definitiva, juguetea con la mujer mediante la calidez del encaje, un delicado tejido que desprende una imagen inocente, pero que, en el fondo, festeja la provocación y el erotismo. Es como jugar al 'veo veo', sin llegar a ver todo lo que se desea, pero que uno disfruta imaginando como si realmente lo viese.
La moda busca su particular encaje esta temporada con un guiño a la lencería trabajado con técnicas de alta costura. Abandona los cajones de las abuelas y los tradicionales ajuares, al tiempo que se desprende de su rancio estilo para impregnarse de un ambiente más chic. Cala de forma honda -unas veces superpuesto sobre satén y otras claveteado con láser- y redescubre el atractivo de las estratégicas transparencias como reclamo en una calculada dosis de comedido atrevimiento. Los diseñadores sacan a las mujeres a la calle como si se paseasen por los pasillos de sus casas.
El guipur traspasa el límite de la ropa íntima y se convierte en la textura más prometedora, elegante y romántica. Sin detalles sutiles, lo cubre todo; y ninguna gran casa quiere quedarse en fuera de juego. El negro se impone como referencia estrella en este equilibrado juego cuajado de flores y brillos, aunque también predominan los tonos tierra, el marrón y el rosa palo. Y en todo tipo de vestidos: minis y largos.
Cada creador adapta esta tendencia a sus gustos particulares. Prada es, posiblemente, la firma que más lejos ha llegado en su atrevido propósito de agujerear las prendas femeninas en los meses más fríos del año. Inunda sus escaparates con faldas y vestidos plagados de relieves que evocan los años cincuenta mediante deslumbrantes tonalidades anaranjadas y en metálico dorado. Dior se recrea también en esta elegante década para recuperar la emblemática falda corola -con su peculiar cintura de avispa- y llenarla de aberturas que dejan al aire un interior otras veces celosamente escondido.
Mezclado con tules y remates de volantes, Valentino y la emergente Rodarte -la marca de las hermanas californianas Kate y Laura Mulleavy- utilizan los colores carne y transforman sus composiciones en una segunda piel. Chanel y Proenza Schouler coquetean con aires más futuristas y Balmain acorta las distancias y se apoya en las interminables piernas de Gwyneth Paltrow para trasladar un aire descaradamente sexy con sus minivestidos calados y cubrir, lo que se dice, lo justo.
A esta fiesta pícara se suma todo el armario femenino, con ganas y desenfreno, complementos, incluidos. Claudia Schiffer, la reina de las pasarelas en los noventa, busca hacerse un hueco como modelo en el nuevo siglo acaparando portadas con velos de puntillas. Pero, puritano o no, el encaje refuerza su aire monacal y lo inunda todo: se deja ver en medias, blusas, guantes, zapatos, bolsos... Jil Sander emplea este material para sus zapatos fabricados en piel de becerro, Cavalli agujerea sus botines de estilizado tacón con puntera de charol, Blumarine decora sus rectangulares bolsos de mano con motivos florales y Chanel calza los suyos de encaje blanco, dejando el talón y la puntera al descubierto.
Bucólicas, las telas de encaje, que la pequeña Twiggy lanzó al estrellato en 1966 y Chloé intentó recuperar, sin éxito en 1999, sólo tienen un peligro: la necesidad de elegir con cuidado para evitar caer en la ñoñería o la vulgaridad. En tiempos de crisis, hay que saber bordar las elecciones para sacar partido a este picante juego de filigranas.
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