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Economía

ECONOMÍA

25.10.08 -

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L os últimos datos de la Encuesta de Población Activa establecen que, 14 años después, España vuelve a destruir empleo. Sin embargo, más allá de las grandes cifras, es importante escrutar las razones y características de un fenómeno en el que nuestro país se sitúa a la cabeza de Europa. Hablar de elevada temporalidad en el mercado laboral español no es nada nuevo y, de hecho, podemos referirnos sin temor a equivocarnos a la dificultad de nuestra economía para crear puestos de trabajo fijos. Sin ir más lejos, la EPA indica que el porcentaje de contratos temporales se sitúa ya en el 29,53%. Pero al mismo tiempo que nos cuesta crear trabajo estable, adolecemos de destruir éste con mucha facilidad. De los 123.600 asalariados que han perdido su puesto de trabajo en el tercer trimestre de 2008, el 80,2% contaba con un contrato indefinido y sólo el 19,8% restante eran temporales. Estos datos constatan la clara vulnerabilidad de nuestro mercado laboral, que en situaciones económicas adversas como en la que nos encontramos tiende a destruir con mucha facilidad los puestos de trabajo supuestamente 'estables'.
El problema de la elevada interinidad nos lleva a otro no menos relevante, el escaso nivel de cualificación de la mano de obra temporal. Al analizar el tipo de empleo que se está destruyendo, se observa cómo en su mayor parte afecta a los trabajadores con menor capacitación. Esta evidencia pone de manifiesto que una de las asignaturas pendientes de nuestra economía sigue siendo la formación profesional y su potenciación para disponer de un trabajador asalariado más preparado y menos proclive a verse repercutido por los efectos del ciclo económico. Siempre se argumenta que España es uno de los estados de Europa con mayor número de universitarios, por encima de la media de la OCDE según el último informe anual. Sin embargo, el porcentaje de estudiantes en ciclos formativos se encuentra muy por debajo de la media de los países de nuestro entorno. La elevada precariedad en el empleo y la insuficiente capacitación son consecuencia de unas políticas educativas que no han sabido ver que una mejor formación de los trabajadores menos cualificados, al margen de contribuir al incremento de la productividad, refuerza su estabilidad laboral al hacerles más inmunes a las fluctuaciones del ciclo económico.
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