El Madrid evidenció en el Comunale que le falta un plus para aspirar con garantías a la 'Champions'. Puede sonar la flauta, pero, hoy por hoy, este equipo carece de la velocidad, desborde, alternativas y calidad necesarios para hacer frente con éxito a los grandes de Europa. Sumaba ocho partidos consecutivos sin perder y sucumbió ante la Juventus, mermada por un sinfín de bajas y duodécima en su Liga. El omnipresente Nedved, con 36 años, y el eterno Del Piero, casi con 34, hicieron un siete a los de Schuster, ahora segundos de grupo.
El campeón español encajó sendos goles por distracciones en el arranque de cada período y su reacción resultó tardía. Ranieri es un viejo zorro. Venía de perder en Nápoles, estaba contra las cuerdas, dirigía un equipo lastrado por las ausencias y en la víspera trasladó toda la presión al Madrid argumentando que hasta el empate le parecería bueno. Llegado el momento de la verdad, ordenó a sus hombres una salida en tromba.
Los turineses presionaron como leones a la zaga del Madrid y encontraron premio. A los cinco minutos, Del Piero recibió un balón lejos del área y ejecutó a Casillas con un disparo en rosca. El tanto condujo a los locales a sus orígenes. La 'Juve' juntó atrás dos líneas de cuatro y dejó hacer al Madrid, que evidenció entonces una falta de recursos alarmante. Lento, sin movilidad arriba, sin bandas y sin alma, fue incapaz de meter el miedo en el cuerpo a los italianos en todo el primer tiempo.
Los de Schuster sufrían su inferioridad en el centro del campo, ya que sólo tres hombres no podían contra el ejército piamontés. Tocaban en zona intrascendente, pero se veían impotentes para dar un pase preciso a Van Nistelrooy y Raúl. De Higuaín no había noticias y la posesión era tan blanca como estéril.
Con la torrija
Los locales sufrieron otro golpe cuando Sissoko midió mal y lesionó a su compañero Marchisio. Tuvo que recomponer líneas Ranieri, colocar a Nedved en el medio y meter en banda al bosnio Salihamidzic, otro veterano curtido en mil batallas y con especial inquina al Madrid desde sus tiempos en el Bayern. Pero el balcánico ya no es ni su sombra. Y en el descanso, el ex técnico 'ché' se vio obligado a retirar al central Legrottaglie, lesionado. Dos cambios obligados en un equipo ya de por sí de circunstancias parecían demasiada desventaja.
Pero el Madrid volvió a salir con la torrija en la reanudación. Parecía tan convencido de su superioridad que se despreocupó de poner atención en defensa. Y Nedved, en un santiamén, castigó esa apatía. Se sacó un centro estupendo desde la derecha y el cabezazo del brasileño Amauri entró tras golpear en Heinze. Mala suerte o justo castigo a la indolencia, según se mire. Sólo con todo perdido, el Madrid sacó su orgullo. Entró Robben, su equipo puso la directa y los agotados juventinos comenzaron a sufrir. Hasta Heinze se internó por su banda en plan extremo.
Van der Vaart y Robben, ambos de cabeza, rozaron el gol y Sneijder estrelló un tiro en la madera. Quien no perdonó fue Van Nistelrooy, a quien la Juventus dejó cabecear desde el punto de penalti, sin vigilancia alguna. Demasiado tarde para algo más. El Madrid volvió a la realidad. El Comunale no es el Manzanares, su chollo.