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Sociedad

juicio por acoso inmobiliario en getxo

El clan gitano culpa a sus 15 niños de causar los destrozos y llevarse un televisor de un piso

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«¡Ya sabe cómo son los críos!»
de Neguri sufrió importantes daños. / EL CORREO
Los tres acusados de etnia gitana explicaron ayer que, antes de ocupar la casa Tangora, el matrimonio, sus ocho hijos, nueras, yernos y nietos estaban dispersos. Algunos vivían en una furgoneta aparcada en Erandio. Otros dormían en tiendas de campaña en algún solar o pasaban la noche «debajo de un puente». «Tengo varias hijas con niños que tienen a sus maridos en la cárcel y viven conmigo», contaba ayer Dolores E. La familia se dedica a la recogida de chatarra y cartones.
Cuando les cedieron el piso de Neguri se reunieron todos allí. Hasta cuarenta personas llegaron a convivir en la vivienda del hostelero, de más de 300 metros cuadrados, desde julio de 2003 hasta agosto de 2004. Cada grupo familiar ocupaba un cuarto, en el que se hacían la comida en un hornillo.
En las denuncias que les interpusieron los vecinos les acusaban de hacer ruido hasta altas horas de la madrugada con sus fiestas, y lanzar objetos y basuras por las ventanas al jardín: ropas de niño a pañales sucios, colchones y hasta amplificadores. A la acusación le pareció raro que los niños tiraran colchones. «Sí, es que uno de los pequeños se orinaba y colocábamos el colchón en la ventana para secar. El niño aprovechaba y lo empujaba por la ventana», relató Dolores.
En el juicio argumentaron que eran los quince niños que convivían en la casa los que arrojaban basuras desde las ventanas. «Ya saben cómo son los críos, no se están quietos y es difícil controlarlos», comentó ayer el patriarca, Rafael.
El matrimonio y su hijo coincidieron en culpar también a los pequeños de la casa de haberse llevado del piso de la última planta un televisor y varios objetos más, un robo del que se les acusa a ellos. La Policía halló el televisor en el piso de los procesados. «Los niños encontraron la puerta de la casa de arriba rota, entraron y la debieron coger. ¡Pero si era en blanco y negro, estaba rota y no valdría ni quince euros!», se excusó Arturo B.E.
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