La crisis económica en EE UU se ha convertido en un monstruo que devora todo lo que se le echa. No hay nada que apague por el momento el incendio desatado por las hipotecas 'subprime' y el desplome de Wall Street. Ni siquiera la inyección directa de capital en las arterias bancarias aprobada la semana pasada parece ser suficiente. Aparentemente controladas las emergencias en el sistema financiero, llega el tiempo de preocuparse por algo más profundo e igual de preocupante: la economía real. Por eso, ayer, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, recomendó al Congreso seguir echando agua al fuego con un nuevo paquete de estímulo económico.
«Dada la incertidumbre sobre el futuro inmediato, tenemos que admitir que todavía existen riesgos», advirtió al Comité Presupuestario de la Cámara de Representantes. «Creo que es apropiado que el Congreso piense en un programa fiscal. El tamaño y la composición son cosas que los congresistas deberán determinar en sus negociaciones y discusiones. Yo sólo reiteraré que ahora mismo hay una tremenda cantidad de incertidumbre, en parte porque no sabemos cuánto tardará el mercado crediticio en volver a la normalidad».
No hubo manera de sacarle una cifra, pero la portavoz del Congreso, Nancy Pelosi, ya había propuesto hace varias semanas un nuevo paquete de estímulo económico por valor de 150.000 millones de dólares, que se sumaría a los 700.000 millones ya aprobado para rescatar a las instituciones bancarias. Ahora le tocaría a la economía real de Main Street, la calle principal de cada pueblo de Estados Unidos que representa al ciudadano de a pie.
Su plan contempla medidas sociales tan variadas como aumentar el subsidio de desempleo o repartir vales de comida, y multiplicar la inversión en programas de infraestructura pública con objeto de fomentar el empleo e inyectar capital en la calle. En síntesis, la vieja receta: utilizar la maquinaria del presupuesto público para generar actividad.
Una idea atractiva
La idea de invertir en la construcción de puentes, autopistas y obras públicas resulta atractiva para los legisladores demócratas, que favorecen también ayudas para que los estados no tengan que suspender los proyectos en marcha. Bernanke apoyó ese aspecto de creación de capital «si se invierte bien», pero advirtió que suele llevar mucho tiempo desde que se planean las iniciativas hasta que se llevan a cabo y generan empleo, mientras que él va buscando reacciones más inmediatas que detengan la rampante desaceleración económica que vive el país, incluyendo la reactivación del sector de la vivienda.
En lo que va de año, casi un millón de personas ha perdido su puesto de trabajo, la confianza del consumidor ha caído a niveles históricos y la construcción de nueva viviendas está en el punto más bajo de los últimos 26 años. Lo que preocupa a demócratas y republicanos es la secuela que puede dejar otro paquete económico en el déficit público, y Bernanke no disipó sus temores. «Cualquier tipo de paquete fiscal inevitablemente requerirá algo a cambio», que puede «hipotecar el futuro de varias generaciones», admitió el presidente de la Reserva Federal.