
Pasaban junto a Gisela Pulido en la rueda de prensa de hoy./ EFE
La montañera guipuzcoana Edurne Pasaban, que recientemente alcanzó su undécimo 'ocho mil' al coronar la cima del Manaslu nepalí, ha asegurado hoy que la decisión tomada, posteriormente, de no ascender el Shisha Pangma chino "fue muy dura", pero que el riesgo de congelaciones era demasiado alto. Pasabán, que es una de las tres mujeres que tratan de conquistar las cimas más altas del planeta, todas por encima de los ocho mil metros, ha comentado que en 2004 ya tuvo la experiencia de las congelaciones en algunas partes del cuerpo y que no le compensa, porque se tarda alrededor de un año en la recuperación.
En una rueda de prensa ofrecida por su patrocinador, Telefónica Movistar, la montañera ha hablado también de la subida al Manaslu, entre el 29 de septiembre y el 5 de octubre. "Técnicamente no es una montaña muy complicada -ha explicado-, pero el clima no nos dejó trabajar durante 15 días". "No tuvimos tiempo de aclimatarnos a la montaña, tuvimos que permanecer en el campo base, en las tiendas, y mantener la calma. Eso fue lo más difícil", ha señalado la guipuzcoana.
Tras ver un vídeo de su llegada a la cima del Manaslu, Edurne ha relatado que, por fin, podía recrearse en su logro. "Cuando estás ahí arriba, la tensión de trabajar, de lo que queda por hacer, y del entorno en que te encuentras no te permite disfrutar. Pero la emoción que me produce ver estas imágenes es lo que me lleva a seguir escalando montañas", ha señalado. Pasabán ha indicado, asimismo, que la tensión del ascenso se debía a que las expediciones inmediatamente anteriores a la suya no habían conseguido llegar a la primera cumbre, a causa de fuertes vientos.
"Todos estaban haciendo cima en una segunda cumbre, porque la principal es una cornisa muy complicada. Pero el viento se paró de repente y nos recompensó poder hacer ese último 'cacho' que la gente en días anteriores no había alcanzado", ha dicho. Esta mujer no es la única que se esfuerza por coronar las 14 cimas más altas del mundo no es el único. Otras dos, la italiana Nives Meroi y la austríaca Gerlinde Kaltenbrunner, también luchan por hacerlo. "Es obvio que hay una carrera, porque si no, no se hablaría tanto de mí. Las tres estamos detrás de los 14 'ocho miles', pero el factor riesgo añadido al deporte que practicamos es muy elevado y hay que ser muy consciente de ello", ha apuntado.
A por el Annapurna
"Para mí la decisión de darme la vuelta del Shisha no ha sido fácil. Han sido dos días de darle vueltas, porque todos somos humanos y esto no deja de ser una carrera. Pero hay que saber dar la vuelta y un buen alpinista se identifica por esto", ha añadido. Pasaban también comentó que ésta competición no implica un "pique". "Yo no lo siento así, sobre todo con Gerlinde, que es muy amiga mía. Pero es obvio que hay una carrera y ojalá sepamos jugar lo mejor posible para que a ninguna de las tres pueda pasarle nada", ha afirmado la alpinista.
La deportista se ha atrevido, incluso, a decir que ella sería capaz de llegar a su última cumbre "de la mano" de su competidora austríaca, Gerlinde. La montañera de 35 años ha asegurado que no sabe nada de los estudios realizados sobre cómo afecta la escalada de grandes alturas al cerebro humano, aunque sí señaló que ha oído hablar de pérdida de memoria, aunque no lo ha comprobado personalmente.
Edurne Pasaban se toma con relativa calma su reto y manifestó su intención de ascender el Kangchejunga, de 8.586 metros de altura, en Nepal, la próxima primavera. A continuación planea explorar las condiciones del también nepalí Annapurna, de 8.091 metros, quizá el más peligroso de los tres colosos que le quedan por escalar, y después, ya decidirá cómo y cuándo hará el ascenso.