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Santiago Rubio: «Hay que moverse para encontrar a gente»
Santiago se refleja en el retrovisor del coche. / J. R. LADRA
«Es una buena idea. Fantástica. Pero hay que moverse si quieres encontrar a gente que se adapte a tus condiciones». Santiago Rubio Arias Paz empleó el servicio durante seis meses y lanza este consejo. Él tiene coche y, hace dos años, comenzó a viajar a Bilbao para pasar el fin de semana. «Salía el viernes por la tarde de Madrid y regresaba el domingo a última hora», recuerda. Entre gasolina (alrededor de 90 euros) y el coste del peaje del tramo Burgos-Bilbao (otros 30), el desplazamiento le salía «un pico». «Era una sangría». Por eso, entró en la página web del Consistorio vizcaíno. Y puso un anuncio.
Pasaba el tiempo y no había suerte. Nadie respondía a su propuesta 'ahorradora'. Entonces, se le ocurrió que gozaría de más oportunidades para hallar compañero si ofrecía otras alternativas. Cambió los puntos de partida: en lugar de situarla en Madrid, la ubicaba en Alcorcón, San Sebastián de los Reyes o San Agustín de Guadalix... Además, incluyó Burgos. Y ese empeño atrajo la fortuna -este periódico, de hecho, se puso en contacto con él buscando un viaje que uniera Bilbao con la ciudad castellana-. «Éste es el problema. Es muy difícil de compatibilizar el punto de salida de la persona que tiene coche y del pasajero. Hay que gozar de gran capacidad de sacrificio para hacer coincidir ambos aspectos», reconoce.
Durante el tiempo que duró su experiencia, llegó a Bilbao acompañado en cuatro ocasiones: tres de la misma persona. Ambos eran jóvenes, uno de Las Arenas y el otro, de Amurrio. «Eran amables, educados». Pagaron a medias. «No pusieron pega. Aunque algunos, vía correo electrónico, me decían que me aprovechaba». Ellos no. «Me hicieron el viaje muy ameno. Sirve para conocer gente», afirma.
-¿Pero no tuvo miedo de que, por ejemplo, fuesen un poco aburridos?
-Te lo planteas, por supuesto. Te haces preguntas. Y si huele mal, y si es un radical en cualquier aspecto de la vida... Pero lo tenía claro: le hubiese dejado en cuanto hubiese podido. En cualquier sitio
No le ocurrió. Tuvo fortuna. Al contrario que Lukene Gonzalo. Desde Bilbao, busca alguien que le acerque a San Sebastián, donde estudia un ciclo medio de joyería. «Llevo un tiempo apuntada y nadie me llama», lamenta. Y eso que viaja a primera hora y regresa al mediodía. «Pero nada. Estoy desesperada», afirma.
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