Dolió la derrota ante Unicaja. El resultado final no fue el dibujado en la pizarra de los sistemas. Tampoco el partido resultó como esperaban los motivados hombres de negro. Coincidieron las lagunas de la puesta en escena táctica con vaivenes mentales. Dio la impresión de que el iurbentia vio el partido, más que encarrilado, ganado a la conclusión del primer cuarto y eso cavó su fosa. De sensibilidades psicológicas y aspectos físicos puede estar bastante ocupada la agenda de Txus Vidorreta.
El mensaje que hizo llegar el técnico de Indautxu tras el tropiezo concentró su intención en la tranquilidad. Sin llegar al «aquí no pasa nada», el entrenador se reconoce ajeno a la preocupación, entendida como lastre para su trabajo y la consecución de sus objetivos.
Sobre la mesa, varios aspectos. El primero, pedir tiempo. Es evidente que hay jugadores fuera de forma. Llámesele también finura, acoplamiento, inspiración. Porque es un cóctel el que encierra la clave de los males y la receta de la pócima que ejerza de antídoto. Todo ello se concentra en una materia: trabajo.
Los porcentajes en ataque se están resintiendo. No hay elementos que distorsionen la realidad. Se fallan tanto tiros fáciles como otros bien defendidos. No se trata de eso. Tampoco es cosa de uno u otro jugadores, aunque haya datos empíricos a años-luz de lo que han ofrecido hasta ahora. Las miradas se centran en Luke Recker, un tirador que persigue a su duende. El americano inició la pretemporada con generosas cargas de pólvora y bajo la losa de la oficialidad se ha quedado en un irreconocible 18 por ciento en canastas de dos y en un 24 por ciento en triples. Por contra, nada se puede achacar a su motivación e involucración. Pelea contra los rivales y contra sí mismo y es el tercer mejor recuperador del equipo. El otro americano, Quincy Lewis, tampoco ha hallado su marca en el perímetro, lo mismo que Javi Salgado con el que casi coincide en porcentajes. Los más eficaces, curiosamente, en la larga distancia son dos de los recién llegados, Blums (54 por ciento) y Seibutis (50). La resta entre lo que les pide el técnico y lo que ellos dan desemboca en una falta temporal de confianza a la espera de que encajen mejor en el puzzle que trata de montar Vidorreta.
Con 70 más que asumibles puntos de media encajados, el gran hándicap lo presenta el ataque. Sólo 66'5 puntos promediados por jornada. 76 en el debut madrileño contra Estudiantes y 74 en la presentación casera contra el ViveMenorca. Y cuando se buscaba la ampliación del pleno, depresión en el gráfico de Manresa (55) y apenas una pizca de mejora ante los Aíto 'boys' (61).
Cuestión de tiempo es también lo que se intuye en el caso de los bases. La idea de que Blums es un escolta y la repercusión que ello podría tener en la organización del juego bilbaíno es un tema no recurrente. La campaña realizada por el letón en Italia le avala como un jugador capacitado para manejar el juego. No hay que olvidar que no lleva ni un mes en su nuevo equipo y que caer en las comparaciones con Huertas -un jugador que no quiso seguir en Bilbao-, carecería de sentido.
El calendario inminente dibuja un horizonte que puede ser propicio. El sábado, viaje a Granada para recibir consecutivamente después al Bruesa y Cajasol. No ha dejado de haber motivos para el optimismo.