Durante 50 años, miles de especialistas han fundido mineral hasta transformarlo en acero de la mejor calidad en el horno alto número 1 de Sestao. Algunos de estos operarios llegaron a jugarse la vida en su interior, como los 18 que una fría madrugada de marzo de 1995 se abrasaron tras caerles encima residuos incandescentes. Ellos son, sin duda, quienes mejor conocen los secretos del crisol de hierro. Y los más capacitados para preservar su futuro. La Fundación de Trabajadores de la Siderurgia se ha comprometido a asumir la gestión de la estructura, eso sí, una vez transformada en museo. El Gobierno central, el vasco y el Ayuntamiento estudian fórmulas que permitan hacer viable esta operación.
«Queremos recuperar la memoria del pasado industrial de la comarca y de Vizcaya y la rehabilitación del horno es un primer paso», asegura el portavoz de la agrupación, Néstor Álvarez. Su propuesta influyó en el apoyo que la anterior ministra de Cultura, Carmen Calvo, ofreció para rehabilitar el monumento: más de 630.000 euros con los que se sufragará la primera fase de los trabajos.
Para asumir la gestión de la instalación, que el Gobierno vasco declaró monumento en 1998, los últimos miembros de la antigua plantilla de AHV pusieron condiciones. La primera es que el proyecto museístico que se plantee cuente con un programa anual de ayudas para garantizar su mantenimiento.
Recreación virtual
El resto de los requisitos de la fundación se centran en la oferta a incluir en el museo. Así, la planchada del horno, «donde se hacía la colada de fundición», deberá acoger una exposición que aborde todo el proceso siderúrgico, «desde la recogida del mineral hasta que salen las planchas de acero». La sala incluirá elementos de luz, sonido y movimiento, «incluso las vagonetas que se utilizaban para bajar el mineral desde los montes de Triano».
Como la rehabilitación del horno no llegará al extremo de que pueda volver a ponerse en marcha, se recreará de forma virtual su funcionamiento. «Serán varias pantallas, si pueden ser tridimensionales mejor, donde el visitante pueda accionar botones y, por ejemplo, ver cómo se fundían el mineral y el coque para producir el arrabio y sacar el acero», subraya Álvarez. Por último, los ex trabajadores proponen un golpe de efecto a los visitantes. «Queremos permitir el acceso a la base principal del horno e iluminarlo para que se pueda ver por dentro y desde abajo», matiza.
La fundación ya ha mantenido negociaciones con el Ministerio de Cultura, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales como propietaria del horno, el Gobierno vasco y Arcelor (titular del suelo), y «el tema está muy avanzado». El último escollo es la fórmula para garantizar la gestión de la estructura por parte de los trabajadores. «Una pasa por cedernos toda la instalación, pero hay problemas al tratarse de un bien público y nosotros una entidad privada», explica Álvarez.
Otra posibilidad es que el Ayuntamiento de Sestao asuma la titularidad del horno, pero también bajo algunas premisas, como el compromiso de las instituciones supramunicipales de aportar fondos para el mantenimiento de la estructura.