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Urkullu y Atutxa acudieron ayer a Artea para festejar el aniversario de la Fundación Sabino Arana. / IGNACIO PÉREZ
Todos ganan. Al menos, ésa es la impresión que se traslada desde los respectivos entornos de los protagonistas de la negociación que ha permitido a Zapatero salvar los Presupuestos Generales del Estado para 2009 y eludir así el que habría sido el golpe más duro a su estabilidad de cuántos ha tenido que afrontar. La dirección del PNV interpreta el acuerdo como un triunfo. No sólo por haber logrado arrancar a José Luis Rodríguez Zapatero la transferencia a Euskadi de la investigación científica y técnica y acabar así con una pertinaz sequía de traspasos de las competencias reconocidas en el Estatuto que duraba ya doce años, sino sobre todo por haber logrado colocar al partido exactamente dónde Iñigo Urkullu quería situarlo.
«Es un acuerdo muy positivo porque centra al PNV cuando más lo necesitábamos», coinciden distintas fuentes peneuvistas consultadas por este periódico, que no ocultan que el lehendakari y los dirigentes vinculados al sector más soberanista han sido desde el principio reticentes al entendimiento con Zapatero por su abierta contradicción con el mensaje victimista e hipercrítico con el Gobierno español con que Ibarretxe ha salpimentado el periplo de su fallida 'hoja de ruta'.
No obstante, abundan estos medios, el presidente del Euzkadi buru batzar ha tenido claro desde hace meses que el comportamiento del partido en el trámite presupuestario en Madrid debía estar estrechamente vinculado a la estrategia con que el PNV pretendiese concurrir a las elecciones autonómicas. «Si se quería ir a repartir estopa y a pegarnos patadas en la espinilla con Zapatero no tenía sentido. Pero si pretendemos dejar claro que somos un partido serio y responsable y más en momentos de crisis, había que esforzarse», explican. De este modo, la formación jeltzale se perfila como el socio preferente de Zapatero en Madrid y la bisagra de la estabilidad parlamentaria del Ejecutivo, si bien ni los propios peneuvistas ni Moncloa descartan a CiU, a pesar de que los nacionalistas catalanes han pedido la devolución de las cuentas por las disensiones sobre financiación autonómica. Fuentes socialistas no descartan que la federación presidida por Artur Mas se «reubique» en los próximos días para no echar a perder su tradicional papel de grupo de referencia en el Congreso. Un movimiento que no es sencillo y al que es más proclive la Unió de Duran Lleida que el propio Mas.
Ya en julio, Urkullu y el portavoz peneuvista en el Congreso, Josu Erkoreka, coordinaron la estrategia y empezaron a lanzar mensajes, más o menos diáfanos, sobre la conveniencia de explorar un pacto sobre las cuentas del Estado. A finales de agosto el líder peneuvista aprovechó el mitin de apertura del curso en Zarautz para recalcar su disposición al diálogo presupuestario con Zapatero «aunque el cuerpo nos pida darle su propia medicina». La progresiva psicosis ciudadana ante una cada vez más omnipresente crisis acabó de inclinar la balanza. Con esos mimbres, la entente era sólo cuestión de tiempo. Ni siquiera se ha buscado dilatar hasta el límite el tira y afloja para evitar dar una sensación de excesivo mercadeo.
Los negociadores del PSOE creen que el líder del PNV ha sido capaz de dar un «golpe de autoridad» dentro de su partido para imponer su criterio y lo valoran como un «paso táctico inteligente»; el equipo de Urkullu cree más bien que ha logrado llevar el agua a su molino sin descuidar la que ha sido seña de identidad principal de su liderazgo, la preocupación prioritaria por la unidad de sus filas. De hecho, según ha sabido este periódico, Urkullu ha estado en permanente contacto con la vicelehendakari Idoia Zenarruzabeitia durante la negociación. Ha evitado, además, desmarques estridentes, aunque Joseba Egibar insinuó su malestar el pasado fin de semana al lamentar que el Estado haya «cogido la medida» al nacionalismo «y ahí nos tiene, en una negociación presupuestaria».
Partido «responsable»
En términos estrictamente políticos, el PNV considera que el principal rendimiento del acuerdo es subrayar su perfil pragmático y «responsable» frente a un electorado acuciado por las vacas flacas y, al menos, parcelar el debate e impedir que las reivindicaciones soberanistas lo monopolicen, aunque es plenamente consciente de que la personalidad del candidato Ibarretxe aflorará en cuanto salte al ruedo electoral. En todo caso, es un hecho que el tono público de las protestas contra la prohibición de la consulta -denuncia en Estrasburgo, el acto del próximo sábado...- ha ido languideciendo.
Se aseguraba además el partido jeltzale la estabilidad presupuestaria en Álava y Guipúzcoa -gobernadas en minoría por Xabier Agirre y Markel Olano, ambos identificados con el sector más soberanista- gracias al apoyo del PSE. Los propios socialistas reconocen que ese respaldo estaba «tácitamente» vinculado al acuerdo, aunque Zapatero se ha adelantado y ha evitado un posible perjuicio a su partido en Euskadi al anunciar que el PSOE facilitará la aprobación de las cuentas públicas en toda España.
En todo caso, pese a la preocupación que pueda existir en las filas del PSE por los posibles efectos negativos en su campaña -el más evidente, la relativa desactivación electoral de la ministra Cristina Garmendia, a priori con un perfil muy atractivo para 'vender' el mensaje de Patxi López- ni el PSOE ni otros observadores consultados creen que el PSE salga perjudicado porque, al aplaudir un acuerdo que inyecta dinero a Euskadi, refuerza su perfil vasquista y acentúa la impresión de que el grifo que ha abierto Zapatero manaría aún más con López en Lehendakaritza.
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