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JERÓNIMO SAAVEDRA Alcalde de Las Palmas

19.10.08 -

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«No me veo en un desfile gay»
Saavedra se siente respetado. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Fue dos veces presidente de Canarias, dos veces ministro y ahora alcalde de su ciudad natal. Y fue el primer político de máximo nivel que reconoció públicamente su homosexualidad. Jerónimo Saavedra (Las Palmas, 1936) ha estado en Bilbao hablando de Verdi invitado por la ABAO y, como su homólogo Azkuna, mezcló en su charla política y belcanto.
-Habló del 'Verdi nacionalista'.
-Del sentimiento patriótico de Verdi, de su contribución como ciudadano responsable a sensibilizar, animar a sus compatriotas para avanzar en el camino de la unidad.
-¿No fue un oportunista a remolque del sentimiento patriótico que bullía entonces en Parma?
-Absolutamente, no. Era un artista que asumió riesgos y los oportunistas nunca lo hacen.
-¿Puede distinguir entre nacionalismo y patriotismo?
-No, para mí no hay distinción.
-¿Y qué es ser nacionalista en la música?
-Esa cuestión es muy interesante, porque la música sin palabras es un arte abstracto. Sin texto difícilmente puede atribuírsele un sentido revolucionario o conservador.
-Melómano y canario. Doy por hecho que canta.
-Canté. Canté en el coro del Colegio de San Ignacio de Las Palmas de Gran Canaria, que regentaban jesuitas vascos en aquella época. Y canté también en el de la Sociedad Filarmónica de la ciudad, a la que perteneció Alfredo Kraus.
-Pero dio el do de pecho cuando salió del armario. ¿Qué precio ha pagado?
-Ninguno. Al contrario. La gente ha valorado la sinceridad. No lo hice buscando notoriedad; mi causa es la igualdad de derechos para todos. Yo, por ejemplo, no voy al desfile del orgullo gay, porque no me veo ahí, pero apoyo sus reivindicaciones.
-Llevará siempre colgada esa etiqueta.
-Me da igual. Lo que quiero es que no sea noticia la condición sexual de cada uno.
-¿Qué le falta o qué le sobra a la legislación española en ese terreno?
-España está en cabeza en el mundo.
-Dijo una vez que ocultar la homosexualidad lleva al psicoanalista. ¿Y reconocerla?
-A la satisfacción de ver que la gente lo admite con más naturalidad de lo que se creen algunos timoratos que siguen encerrados en su armario.
-¿Es lícito sacarles de ahí a la fuerza, el 'outing'?
-No. Hay que respetar la intimidad.
-Fue ministro de Administraciones Públicas, ¿tuvo problemas con los nacionalistas?
-Recuerdo con mucha satisfacción que me tocó traspasar ocho competencias al Gobierno vasco después de varios años sin transferencias.
-Unos meses después de dejarlo usted ocupó el cargo Rajoy...
-Y llevó a las Cortes proyectos que había yo preparado pero que no presenté por el miedo de algunos de mis compañeros de Gobierno a temas como el de los gobernadores, por ejemplo.
-¿Ve a Rajoy de presidente?
-...No. Tengo una buena relación con él, negociamos los últimos Estatutos y era un negociador sensato y responsable.
-¿Y eso es un hándicap para gobernar?
-No, no. En la legislatura pasada lo vi un poco fuera de su perfil y ahora trata de recuperarlo. Si lo recupera puede ser un peligro para los socialistas dentro de cuatro años.
-¿La alcaldía es un buen retiro para un ex ministro?
-Qué va. Se trabaja más de alcalde que de ministro. Hay que descender a la sala de máquinas y en cuanto sales del despacho te topas con el ciudadano que te pide cuentas. La ciudadanía centra su visión del poder en el Rey y en el alcalde. El ministro no existe.
-¿En qué consiste el hecho diferencial canario?
-La geografía, para empezar: siete territorios, que son islas, y que están muy lejos del resto del país. Y el mestizaje, nostros somos resultado de cinco siglos de mezcla.
-¿Por qué parece que no tienen nada en común un gran canario y un tinerfeño?
-Eso es algo reducido a determinados círculos de las dos capitales... más de una que de la otra.
-¿...?
-Hace un siglo la capital única estaba en Tenerife y abusó de ese poder y eso generó reacción. Eso se ha superado con la bicapitalidad, pero siempre queda un resquicio sentimental de agravio.
-Rigoletto, el personaje de Verdi, tuvo su 'maledizione'. ¿Cuál es la suya?
-Ja, ja. No tengo ninguna obsesión por las manos negras ni acudo a santerías, como algunos de mis paisanos... Y no soy Rigoletto ni un duque de Mantua.
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