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El veredicto, que se leyó a las nueve de la noche después de una devolución, admite una atenuante por drogadicción

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El jurado del crimen de Irala declaró anoche culpable de asesinato y robo con violencia a Julio M., uno de los dos acusados de matar a Juan A.T., un minusválido de 72 años, en su domicilio de Bilbao en agosto de 2007, y exculparon por sorpresa a la mujer, Merichel M., que quedó en libertad después de haber permanecido once meses en prisión.
«Puede usted irse a su casa. Tendrá que volver a la cárcel a recoger sus cosas», le indicó la magistrada a la mujer, que rompió a llorar, después quedar disuelto el jurado. «¿Cuánto tiempo?», preguntaba al que considera su marido, en referencia a los años que le impondrán de condena mientras los ertzainas le colocaban las esposas para volver a trasladarle a prisión y su abogado le informaba de la decisión.
A partir de ahora, la presidenta del tribunal tendrá que fijar una pena en base a la decisión de los nueve jurados, dos mujeres y siete hombres, que necesitaron más de 24 horas para deliberar. Le aplican el atenuante de drogadicción y le niegan la posibilidad de pedir el indulto. La Fiscalía solicita para él 21 años de cárcel: 17 por asesinato y cuatro por robo con violencia, con el agravante de reincidencia (fue condenado a cuatro años por robo con anterioridad).
Julio M. declaró en la primera sesión del juicio que mantuvo un forcejeo con la víctima la noche que acudió a la vivienda de Irala para ayudar a Merichel, que se lo había pedido, a recoger sus cosas. Le empujó y éste cayó para atrás golpeándose en la cabeza. El procesado admitió también haberle pegado un puñetazo, pero aseguró que, antes de irse, le tomó el pulso y comprobó que estaba vivo.
«No culpable»
Por su parte, la mujer, que convivió con el fallecido durante casi dos meses después de romper con su pareja, asumió que fue ella quien le cogió a la víctima la cartera con 500 euros y la tarjeta de crédito, con la que extrajeron más de 3.600 euros. El jurado, sin embargo, la declaró «no culpable» de todos los delitos, también del hurto por uso de vehículo que admitía su defensa. La Fiscalía pedía para ella 20 años de prisión.
El veredicto se leyó a las nueve y media de la noche, después de que la primera decisión fuera devuelta por la sala alrededor de las seis de la tarde debido a un defecto de forma. Los nueve miembros del tribunal popular no habían motivado suficientemente su decisión y habían cometido errores en el acta. Se trataba de un caso especialmente complejo al haber dos acusados.
En el primer veredicto, consideraban a la mujer también culpable del asesinato en calidad de cómplice, pero no del robo, algo que jurídicamente resultaba incongruente, ya que sin el segundo delito no tenía sentido el primero, que en todo caso habría quedado convertido en un homicidio, explicaron fuentes judiciales.
Los jurados tuvieron que volver a reunirse para deliberar y corregir los errores cometidos en el cuestionario. Al cabo de dos horas y media, decidieron «por unanimidad» responsabilizar del crimen a uno de los acusados y eximir de toda culpa a la otra.
El juicio, celebrado en la Sección Sexta de la Audiencia vizcaína, se prolongó durante cuatro días, de lunes a jueves. La declaración del hijo de la acusada, que, según las defensas, quiso «castigar» a sus progenitores, resultó clave. El informe forense también marcó la decisión del jurado al revelar que la víctima falleció asfixiada por la mordaza que Julio confesó haberle colocado.
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