La Unión Europea concluyó ayer una cumbre que no merece otra consideración que la de parada en una larga marcha que el domingo pasado emprendieron en París los miembros del eurogrupo, y que concluirá dentro de unos meses no se sabe exactamente dónde, con una más que probable reforma en profundidad del sistema financiero internacional, tal y como este fue concebido en los acuerdos de Bretton Woods de 1944.
«Nuestra prioridad en estos momentos -decía Nicolás Sarkozy en la conferencia de prensa con la que concluyó la cumbre- es la reunión que mantendremos el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, y yo mismo, mañana sábado en Camp David con el presidente estadounidense, George W. Bush».
El encuentro con Bush responde a que, por primera vez, «los estadounidenses aceptan discutir una reforma del sistema financiero internacional, algo que hace pocos meses no querían», continuaba el presidente francés. La noche anterior, el mismo Sarkozy había expresado su hartazgo por esta última crisis financiera. «Es la crisis de más. Ya pinchó la burbuja tecnológica o las economías de Extremo Oriente. Son siempre las mismas causas, con las mismas consecuencias. Y Europa no va a permitir que esta crisis quede sin respuesta».
Un plan «completo»
Los perfiles de ese nuevo sistema financiero no son todavía conocidos. Ni siquiera el objetivo de crearlo está totalmente asumido por los principales actores de la escena internacional. Estados Unidos, de hecho, está dispuesto a discutir el tema; no a asumir el proyecto europeo, tal y como éste aparece contemplado en las conclusiones de la cumbre: «una reforma real y completa del sistema financiero internacional, fundamentada en los principios de transparencia, solidez bancaria, responsabilidad, integridad y gobernanza mundial. El objetivo es tomar sin demora decisiones sobre transparencia, normas mundiales de regulación, supervisión transfronteriza y gestión de crisis, prevenir los conflictos de interés y crear un sistema de alerta temprana, de manera que se suscite la confianza de ahorradores y de inversores en todos los países».
Ya se sabe que una cosa es predicar y otra bien distinta dar trigo, y ayer la Unión Europea reclamaba un nuevo sistema financiero mundial dotado de supervisión internacional -Sarkozy quiere una regulación plena de todo el sistema-, sin ser capaz de proponer iniciativas de ese mismo signo a mera escala regional. El supervisor europeo del sistema financiero comunitario no figura en las conclusiones de la cumbre. La figura, a la espera de lo que proponga la Comisión en su momento, ha sido sustituida por una «mayor coordinación» de los supervisores nacionales, que se reunirán a partir de ahora una vez al mes. Nada de nuevas autoridades de rango europeo en cuestiones tan sensibles como la supervisión financiera. Al menos, por el momento.
Cumbre internacional
Tampoco están claros los foros en los que debería pactarse esa reforma. Sarkozy, Merkel y Brown han hablado en Bruselas de una cumbre del G-8 ampliado a las principales economías emergentes, pero ayer, y tras una reunión de Zapatero con Brown, comenzó a hablarse en el Consejo de una «cumbre internacional», «en la que España estará presente, por supuesto», dijo el presidente del Gobierno español.
La víspera, Pedro Solbes había manifestado que «serán necesarias bastantes reuniones y a diferentes niveles» para acometer la reforma del sistema financiero, de modo que España tiene garantizada su presencia en, al menos, algunas de las cumbres que se convoquen para acometerla. No es inimaginable que Europa tenga que celebrar alguna de ellas para aunar posturas, de la misma manera que es lógico pensar que tengan que reunirse las asambleas del FMI y del Banco Mundial. En ellas, España tiene asiento propio, pero no en el G-8 ni en el G-20, y nadie dijo ayer que a ellas vaya a asistir el Gobierno español.
Zapatero aprovechó la tribuna que le ofrecía la rueda de prensa tras la cumbre para lanzar un mensaje de corte ideológico, en línea con el que está articulando la izquierda en Europa con motivo de la crisis. El jueves por la noche y en una cadena francesa de televisión, sin ir más lejos, lo había expresado Ségolène Royal, dando por concluido y finiquitado el sistema capitalista. «Es tiempo para políticas socialdemócratas», decía Zapatero, después de afirmar que «la desregulación no ha funcionado y el Estado, en esta situación, es lo más útil que tenemos para hacer las cosas bien, para que los mercados funcionen bien, sin intervención pero con una buena regulación. La fiebre por reducir el Estado no funciona».
A ver lo que dicen Bush, Obama y las economías emergentes, que necesitan fondos para financiar su desarrollo.