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ESCRITOR

Un escritor protagoniza su última novela, 'Ya sólo habla de amor'

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Ray Loriga: «Sólo reflexionamos en momentos de crisis»
Loriga, ayer en Bilbao. / FERNANDO GÓMEZ
Viste totalmente de negro y normalmente lleva unas gafas de sol que, ayer y para la entrevista, ni siquiera aparecieron en escena. Fuma mucho, como los mejores escritores malditos. Los brazos son un poema, de tantos tatuajes como los adornan. Algunos se pierden por la manga de la camiseta. En el derecho, pone Christina a buen tamaño (y con la 'r' del revés). Por Rosenvinge, la madre de sus dos hijos y su ex pareja. Después de ella vendría Eugenia Silva, la top, que no sabemos si merece tatuaje. Dos mujeres para Ray Loriga, como dos mujeres hay para Sebastián en 'Ya sólo habla de amor' (Alfaguara). El amor perdido y el que podría ser pero que estropearía una manera de vivir la vida sin vivirla; y un escritor que se inventa un álter ego, eso es lo que aparece en la novela. Que, claro, parece autobiográfica y ésa debe ser la primera pregunta.
-¿Cuánto hay de autobiográfico en este libro?
-Mucho y nada. El alma del personaje, pero Sebastián no es mi alter ego, es un yo como instrumento literario. Muchas de sus reflexiones son mías y otras son parte de su propia locura, es un personaje llevado al extremo. Los escritores, entre colegas, cuando hablamos nunca nos preguntamos cuánto hay porque sabemos que ficción es ficción. No hay un acta notarial de tu propia vida, sino posiciones frente a ideas. Ahí sí participo de su locura.
-Sebastián tiene su propio alter ego, Ramón Alaya.
-Todo este desdoblamiento de espejos en la misma sala donde sucede todo lo que no sucede, porque en realidad no sucede nada, es el mismo juego de espejos. Sebastián es un escritor que tiene un alter ego y a su vez está escrito en tercera persona por otro escritor que soy yo.
-¿Y qué le pasa a Sebastián? ¿Es un enamorado del amor?
-Sí. Mmmm, precisamente el libro es tan largo como es, que no es que sea muy largo, sucede sólo en su cabeza, y es por no darle una explicación sencilla a un problema complejo. Yo no puedo decir 'Sebastián es esto'. Participa de las paradojas emocionales a las que nos lleva el amor y de ahí otras como la paradoja entre ficción y realidad. Es un perdedor, un enamorado del amor, un derrotado por el amor. Es todas esas cosas y alguna más.
-Le define la inacción, no hace nada.
-Me interesa lo del amor, es una excusa para hablar del territorio entre la acción y la inacción. Estamos acostumbrados a ver la acción como algo positivo. En el caso de Sebastián la reflexión es su acción, lo cual tiene mucho que ver con el oficio de escribir. El oficio de vivir y de poeta son diferentes. Lo que no sirve para vivir construye el oficio del poeta. De eso trata el libro. Sólo en momentos de crisis nos paramos a reflexionar.
-¿Es también un libro sobre la incapacidad de olvidar?
-Más que de la incapacidad, de la necesidad de no olvidar. Al menos hasta que las cosas tengan su nombre. Pongo siempre el ejemplo del accidente aéreo: se puede olvidar el desastre o reconstruirlo para evitar el siguiente. Las líneas aéreas reconstruyen el accidente para ver cuál era el fallo. Con esto, el vuelo que cayó no se arregla pero se puede evitar que caiga el siguiente. Este es el proceso de Sebastián.
-Es una novela metaliteraria.
-Por eso el personaje es escritor. Si yo hubiese puesto a un médico o a un dictador sudamericano, distrae de si es autobiográfico o no. Sigues hablando de ti mismo. La capacidad del escritor es disfrazarse de lo que quiera. Me interesaba mucho hablar de literatura y de ficción y de esa línea cada vez más débil entre ficción y realidad y de cómo estos dos lados del espejo se infectan y se afectan de manera positiva.
-¿Qué otra etiqueta se pondría en lugar de esa de 'sexo, drogas y R&R' que le persigue?
-Escritor. Es una palabra que cubre tanto territorio que no necesita adjetivos.
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