El compositor alemán Richard Strauss (1864-1949) y su libretista austriaco Hugo von Hofmannsthal (1874-1929) fueron, salvando las distancias, como Frank Sinatra y Dean Martin. Una pareja que hacía las delicias del público porque derrochaban ingenio y sensibilidad; y así, con muchas ganas y casi sin proponérselo, marcaron una época. El próximo sábado, los aficionados podrán disfrutar en el Euskalduna de 'Ariadne auf Naxos' ('Ariadne en Naxos'), una ópera sin coro que les salió redonda y «da muchísimo juego, como las muñecas rusas, que siempre te sorprenden, esto es teatro dentro del teatro», explicaba ayer en rueda de prensa Jon Paul Laka, director artístico de la ABAO.
Una larga lista de cantantes -entre los que destacan Adrianne Pieczonka, Klaus Florian Vogt, Valentina Farcas y Michelle Breedt- se encargarán de hacer justicia a una partitura llena de matices y contrastes, que dibuja con todo lujo de detalles la complejidad psicológica de los personajes. En ella, la comedia y la tragedia se entrecruzan con toda naturalidad, sin chirriar en ningún momento. «No puede ser de otra manera, pues el argumento gira en torno al montaje de una ópera, con todas las dificultades, componendas y frustraciones que eso acarrea», apuntaba la mezzosoprano sudafricana Michelle Breedt.
A ella le corresponde el papel del compositor y, a la vista de su entusiasmo de ayer, no cabe duda de que lo vive con pasión: «El meollo de 'Ariadne auf Naxos' es el conflicto entre el idealismo del creador y las imposiciones del mecenas; la lucha entre los sueños y la realidad; en definitiva, de lo que se trata es del desmoronamiento del artista porque las circunstancias le cortan las alas». Sea como sea, los encuentros y desencuentros hilarantes se suceden y el público no tendrá respiro; máxime porque no habrá intermedio entre el prólogo y la ópera, tal como advertía James McNamara, responsable en Bilbao de la puesta en escena concebida por el alemán Uwe Erik Laufenberg: «Toda esa sensación de precipitación se refleja mejor cuando no hay pausas». Así pues, la función durará dos horas seguidas.
En esta producción, ambientada en una mansión vienesa de principios del siglo XX, no faltarán los golpes de efecto y cierta simbología de corte psicoanalítico. El delirio de unos y otros alcanzará más realce, si cabe, gracias al acompañamiento de la Orquesta de Cámara de Basilea, bajo la dirección de Stefan Anton Reck. «Es una agrupación de primera categoría que sabrá extraer toda la riqueza de esta gran obra», aseguraba Jon Paul Laka. Una tarea «muy complicada», como reconocía el propio tenor, Klaus Florian Vogt, que casualmente ha interpretado esta misma ópera en el foso, como trompa de una orquesta.