No cabía un alfiler en las inmediaciones del auditorio de la Universidad de Deusto. La conferencia prometía, a tenor de los comentarios de la gente que aguardaba a las siete y cuarto de la tarde. «Parece que le gusta mucho 'La Traviata'», decía una señora en un corrillo de amigas. Las demás asentían en silencio y, por la expresión, le alababan el gusto. Poco faltaba para que llegara el ponente elegido para inaugurar la III Semana Verdi, auspiciada por la ABAO, que se desarrolla dentro del Forum Deusto. ¿Quién sería esta vez el personaje? Pues el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, melómano confeso y humilde, dos virtudes que no tuvo rubor en airear nada más abrir la boca: «Soy un 'aficionadillo'. Sé poco de Verdi, como sé poco de todo».
El presidente de Forum Deusto, Javier Elzo, intercambió una sonrisa con Juan Carlos Matellanes, presidente de la ABAO, y miró al público. Había unas 350 personas. Todas ellas, impacientes por saber lo que Azkuna iba a contarles bajo el título de 'La política en la época de Verdi (1813-1901)'. Y esto no es más que el comienzo. Nada menos que cinco mandatarios se van a suceder, a lo largo de este otoño, en esa misma tribuna para reflexionar sobre un compositor que supo, como pocos, sintonizar con el pueblo llano. Este jueves será el turno del ex ministro de Educación Jerónimo Saavedra, ahora primer edil de Las Palmas de Gran Canaria; la próxima semana le tocará a Sergio Cofferati, su homólogo en Bolonia, y más adelante vendrán Enrique Iglesias, secretario de Estado de Cooperación Internacional, y Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid.
«Líderes carismáticos con mucho que decir», subrayó Matellanes, poco antes de que Azkuna tomara la palabra y dejara a unos cuantos con cara de sorpresa. Pero aquello duró unos segundos. Enseguida se arrancó a hablar, con algún comentario improvisado como cuando soltó: «El Ducado de Parma nació de una bula papal en 1545. ¡Cuánto mandaban entonces los pontífices! Para que luego digan de los alcaldes». Entre los oyentes, el rector, Jaime Oraá, rió el chascarillo y echó una mirada a su alrededor con gesto distendido.
Sin pestañear
Pese a que la ponencia era exhaustiva, un repaso a los hitos del devenir histórico de Europa entre 1813 y 1901 con un par de pinceladas sobre América, la gente escuchaba sin pestañear. Los había incluso que ya apuntaban en un papelito las preguntas que le harían a Azkuna, al término de una intervención que se intuía larga. La profesora de Historia Begoña Cava atendía muy seria desde la segunda fila mientras que, más atrás, Santiago Larrazábal, experto en Derecho Foral, tampoco perdía detalle.
Se cumplía lo que había avanzado en la presentación Juan Ángel Vela del Campo, coordinador de este ciclo de conferencias, cuando reveló que «el alcalde nació el Día de los Enamorados, y eso debe influir porque no es ajeno a las grandes pasiones». Lo cierto es que mucho habrá cambiado aquel niño que, hace más de cincuenta años, se coló en el pórtico de la basílica duranguesa de Santa María para escuchar un concierto dirigido por Arambarri. Ahora bien, una cosa conserva intacta: el amor por la música. Y Verdi, en particular, le hace perder la cabeza. El maestro de Busseto no necesita muchos compases para ganarse a la gente. Incluidos los políticos.