P ese a ser todavía invisible, la torre Iberdrola ha comenzado a proyectar su sombra sobre Abandoibarra. Se trata de una sombra imponente que a veces nos hace pensar en las torres apocalípticas de los poemas de Yeats y otras en los rascacielos financieros de las grandes capitales, esos monstruos de brillo magnético coronados por miradores para turistas. En Abandoibarra, el paseante observa el solar donde se levantará el edificio y trata de imaginar su altura, achinando un poco los ojos como si tratase de identificar un astro lejano. Desde ahí arriba, piensa, los ejecutivos podrán ver el mundo de una manera global y desapasionada, que es la mejor manera de ver el mundo cuando uno trabaja haciendo negocios vertiginosos.
Lo curioso es que a día de hoy nadie sabe muy bien quiénes serán esos ejecutivos, ni qué empresas financiarán su vértigo. Ahora mismo la torre es una incógnita vertical, una tarta que espera a que llegue el cuchillo que la trocee, la pala que la distribuya entre los comensales. Una tarta de 165 metros de altura que cuesta 175 millones de euros. Desde que se supo que Promotora Vizcaína deseaba deshacerse de su 50% del edificio, todo han sido especulaciones. Primero se rumoreó que La Caixa podría aprovechar la ocasión para instalar una gran sede en Bilbao. Unas horas después, Iberdrola anunció que ejercería su derecho de compra, impidiendo así que los catalanes se sirviesen la mitad de la tarta en su plato diseñado por Miró.
Desde el comienzo, se habló también de que Iberdrola podría venderle una parte suculenta de lo recuperado a una «entidad muy arraigada» en la provincia. Fue entonces cuando revisamos nuestra lista mental de entidades arraigadas. Tras descartar al Athletic, a Boinas Elosegui y al Obispado, sólo nos quedó la BBK. Y sí, parece que la arraigada caja está interesada en unos cuantos metros de la torre mítica. Tiempo al tiempo, aunque curiosamente los constructores del edificio van a toda velocidad. Nos dicen que, en menos de dos meses, las obras superarán la cota cero y el rascacielos comenzará a subir como la espuma. Cada diez días se levantará una nueva planta. Será digno de verse, igual que la estrategia de todos aquellos que quieran hacerse con una de esas plantas, es decir, con un apetitoso trozo de la tarta.