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Una pareja acusada de asesinar a un hombre en Bilbao para robarle alega que le dieron «un empujón, se cayó y empezó a sangrar»

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«No hacía falta matarle para quitarle el dinero»
Policías, delante del bloque donde apareció el cadáver. / L. CALABOR
Juan A.T., viudo de 72 años, que sufría una minusvalía de más del 80% a raíz de una trombosis que le paralizó medio cuerpo, apareció muerto en su casa, un cuarto del número 35 de la calle Irala de Bilbao, a principios de octubre del año pasado. Su cadáver estaba esqueletizado -llevaba muerto unos dos meses y fueron los malos olores los que alertaron al vecindario-, y yacía sobre la cama, amordazado y cubierto por una manta. La autopsia y las investigaciones de la Ertzaintza concluyeron que había sido asesinado. Meses después, en enero de 2008, su última compañera -Merichel M.- y su «marido», aunque no están casados, -Julio M.- fueron detenidos en Cáceres como presuntos autores del homicidio. Además, se les acusa de robo con violencia.
El fiscal pide 20 años para ella por asesinato y robo con violencia, y 21 para él, por los mismos delitos con el agravante de reincidencia, ya que fue condenado a un año de cárcel por robo. La defensa de la mujer considera que sólo hubo un hurto de uso de vehículo al haberse apoderado del coche de la víctima, y el letrado del acusado, ambos de oficio, reclama la absolución.
Los dos coacusados, ambos toxicómanos, declararon ayer ante el jurado seleccionado en la Sección Sexta de la Audiencia vizcaína, que les tendrá que hallar culpables o inocentes de los hechos que se les imputan.
Merichel, de pelo liso negro con dos mechones rojos en el flequillo, declaró en primer lugar. La mujer, que tiene dos hijos menores, conoció a la víctima en Frías (Burgos), donde él veraneaba y ella trabajaba como camarera en el camping. Tras romper con Julio, el viudo le ofreció que se fuera a vivir con él a Bilbao, a lo que accedió, entre otros motivos, para recuperar la custodia de sus hijos, que la Diputación le retiró «por motivo de las drogas». Durante los casi dos meses que estuvo en Bilbao, siguió viendo y hablando por teléfono con Julio, al que considera su «marido» desde hace 9 años.
Pago por los servicios
Respecto al día de los hechos, la mujer admitió que, tras una discusión con el «viejo», que la insultó llamándole «puta», ella le cogió la cartera con 500 euros, y la tarjeta de crédito con el número clave. Entre los días 4 y 9 de noviembre, extrajeron 3.600 euros en sucursales de al menos cinco localidades españolas, según el relato de la fiscal. «Me pertenecía por todo lo que había hecho por ese hombre: acostarme con él, hacerle la comida, limpiar la casa...». También se llevó el coche, un 'Peugeot 206', de 'Juanito', que «siempre» conducía ella. Merichel, sin embargo, negó su participación en la muerte. «Cuando Julio subió a la casa, se encaró con él, lo sé porque me lo dijo él después, pero yo no estaba, había bajado ya con los niños al coche».
Julio -delgado, vestido con una chaqueta negra de lana y ropa deportiva- testificó en un tono de voz más elevado. A primeros de agosto de 2007, fue a Irala a ayudar a Merichel a sacar sus cosas del piso de Juan A.T., que la «maltrataba» y «tenía comprada con droga».
Cuando intentaba llevarse «las cuatro últimas bolsas que quedaban», el viudo le insultó. Julio le «empujó» y éste «se golpeó la cabeza contra la pared» y «empezó a sangrar por la boca». Según su testimonio, el hombre se levantó e intentó agredirle. Entonces, él le asestó «un puñetazo» en la mandíbula que le dejó «semiconsciente». Después, fue a la cocina, cortó un trozo de camisa y se lo colocó de mordaza, «para que cuando volviera en sí no chillara y nos diera tiempo a escapar». Añadió que tomó «el pulso en el cuello y la muñeca» a Juan y comprobó que estaba «vivo» antes de irse.
La pareja se fue con los niños a Cáceres para «intentar rehacer» sus vidas y alejarse de las drogas, aunque siguieron consumiendo. Dicen que se enteraron de que Juan había fallecido «por la tele». En la sesión de ayer, se escucharon fragmentos de llamadas 'pinchadas' por la Ertzaintza entre los acusados, y de Merichel con sus hijos, en las que ésta les daba instrucciones para que negaran haber vivido en la casa del «viejo». «Voy a decir que le he matado yo y que me metan en la cárcel, estoy harta de esta vida», dijo Merichel por teléfono a su pareja.
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