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El edil socialista de Iurreta acusado de intentar besar a una escolta queda en libertad con cargos y denuncia a otro guardaespaldas por una «brutal paliza»

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«La que me han preparado»
relata los hechos junto al Ayuntamiento.
«Todo es falso, menuda la que me han preparado», repetía una y otra vez Fernando Borja Ulibarri, concejal del PSE-EE en Iurreta, poco después de abandonar el Juzgado de Durango, donde en la mañana de ayer tuvo que prestar declaración acusado de haber intentado besar a una escolta y agredir físicamente a otro guardaespaldas. Con uno de sus ojos amoratado y restos de sangre por toda la camisa y la americana, negó tajantemente los hechos y denunció la «brutal paliza» de la que fue objeto por parte de su segundo vigilante en la tarde del pasado domingo cuando regresaba a su vivienda.
«Se les fue de las manos y cambiaron de versión», esgrimía aturdido y perplejo en compañía de una de sus hijas y de su ex mujer, con la que mantiene una «cordial relación» desde que se decidieron separarse hace seis años. «Vamos a ir hasta el final, no hay derecho a esto», exponía dolida la madre de sus cuatro hijos, tres chicas y un varón de entre 37 y 13 años, después de haber presentado Ulibarri la denuncia contra el escolta que supuestamente le pegó. «De todas formas mi imagen ya está dañada por unos impresentables», se dolía el edil y delegado de UGT,
Tras ser puesto en libertad con cargos por intentar besar a la mujer que tiene como escolta desde hace dos semanas y de pegar a la segunda persona que le cubre las espaldas en el último mes, el concejal también negó que presentara síntomas de embriaguez en el momento de su detención. Algo que corroboró su familia. «No bebe ni en las comidas», defendían tanto su antigua esposa como su hija, que lamentaban que en ninguno de los partes presentados por la Ertzaintza constara que le hubieran sometido a control alguno de alcoholemia.
Según la versión de Fernando Borja, de 57 años, todo comenzó en el momento en que se disponía a entrar en su vivienda de Iurreta a media tarde. El escolta le comunicó que estaba llamando por teléfono a la Ertzaintza porque «estaba bebido y llevaba pistola». El arma, según informaron algunos compañeros de su partido presentes durante la entrevista con este periódico, «la autoriza el Ministerio de Justicia a aquéllos que superan unos exámenes previos».
Las palabras del guardaespaldas dejaron de una pieza al concejal, que aseguró haber ingerido un solo pacharán -«es lo único que bebo todos los días después de comer»-, en Zaldibar. A esta localidad, próxima a Iurreta, llegó sobre las tres y media para departir con otro concejal socialista sobre los temas que debía abordar esta semana en la comisión municipal de Hacienda. Previamente, había participado en la Fiesta de la Hispanidad celebrada en el cuartel de la Guardia Civil de Durango, donde admitió haber tomado «un culín de vino». «Bebo muy poco», insistió.
«Demasiado bueno»
Borja Ulibarri recuerda que el guardaespaldas «empezó a propinarle golpes por todas partes» en el portal de su propia casa. «Salí como pude hasta la gasolinera para pedir ayuda». A partir de ese momento comenzó su «pesadilla». Se encontraba en el interior de la ambulancia que había acudido en su auxilio cuando llegaron dos agentes de la Policía autónoma para anunciarle su inmediato arresto por «una agresión sexual». «Pero si ella estuvo al margen de todo. Además, nunca he faltado el respeto a una mujer», aseguraba el edil y corroboraba su ex esposa.
Más acalorada, la hija que reside con él -y que pensó que le habían pegado un tiro nada más ver el charco de sangre en el portal-, reprochaba a su padre que todo esto le sucedía porque es «demasiado bueno». Se refería al hecho de que durante el último año apenas saliera de casa los fines de semana «para no tener que obligar a trabajar a los escoltas. Son bastante posesivos, te marcan las pautas de todo lo que tienes que hacer», justificó el acusado.
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