En un momento en el que la relación entre el ciudadano y el medio ambiente es cada vez más estrecha, el Gobierno vasco ha dado un paso adelante para acercar a la población la ubicación exacta de las casi 7.900 hectáreas de suelo potencialmente contaminado dispersas por todo el territorio. Esta 'mancha' se verá mermada de forma considerable en los próximos 15 años gracias a actuaciones urbanísticas en el 51% de la superficie global, según el Plan de Suelos Contaminados del País Vasco. Se trabajará sobre un total de 4.023 hectáreas, que se enfrentarán a medio plazo a procesos de descontaminación que, sin embargo, son criticados por grupos ecologistas que cuestionan la posterior gestión de los residuos extraidos, así como la efectividad de las técnicas empleadas. El plan para sanear y recuperar estos terrenos supera los 1.800 millones de euros.
Desde 1997, sólo la asociación ecologista Lur Maitea ha interpuesto una veintena de denuncias contra Medio Ambiente por los suelos contaminados. El centro comercial Abandoibarra, el de Artea -«edificado sobre un inmenso vertedero de residuos peligrosos»-, el aeropuerto de Loiu, «construido sobre un vertedero», y las playas de Zierbana, «hecha fundamentalmente con el pesticida lindane», o la de La Arena, «una marisma utilizada como vertedero», son algunas de ellas y sólo la punta del iceberg de la contaminación en Euskadi, según señalan desde la asociación ecologista, que centra sus operaciones en el territorio vizcaíno. La Administración vasca tiene una visión muy diferente sobre estas denuncias.
La reciente aprobación del Decreto de inventario de suelos contaminados por parte del Consejo de Gobierno del Ejecutivo vasco no es sino una respuesta a la necesidad de reutilizar el suelo industrial alterado en su calidad por la presencia de sustancias contaminantes. Pero no es vinculante. Teniendo en cuenta que los sectores con mayor incidencia son la industria pesada y de primera transformación de metales, los contaminantes más comunes son los metales, los aceites minerales y los hidrocarburos aromáticos policíclicos. Y, en menor medida, los compuestos orgánicos volátiles aromáticos, pesticidas organoclorados, cianuros, disolventes clorados, fenoles y clorobencenos. «Residuos peligrosos englobados en su mayoría en la lista roja», explica Consuelo Elosua, portavoz de Lur Maitea.
Riesgo para la salud
Un informe de Ihobe asegura que en 18 de los 40 emplazamientos investigados -en unas 115 hectáreas- se detectó un riesgo «inaceptable» para la salud humana. Una opinión que no comparte el grupo ecologista, que recuerda que ese «cóctel de contaminantes afecta terriblemente a la salud provocando el aumento del número de abortos, las dificultades para concebir hijos, y en el caso del lindane taras congénitas, cáncer o enfermedades neuronales, entre otros».
El inventario reúne suelos contaminados donde la actividad industrial figura como el principal motor del desarrollo, por ello no es de extrañar que los tres principales focos industriales vascos acaparen un mayor porcentaje. En Vizcaya se contabiliza el 44% de la superficie inventariada, de la que un 32,5% se concentra en el entorno de Bilbao, mientras que en Guipúzcoa la cifra alcanza un 42,4%, y en Álava, un 13,6%.
En cuanto a la recuperación, que atiende a los planeamientos urbanos, en algunas áreas funcionales como Llodio, Bilbao Metropolitano, San Sebastián, Zarauz-Azkoitia y Eibar, supondrán una actuación sobre más del 40% de la superficie total considerada por Ihobe como potencialmente contaminante.
No obstante, la regeneración es lenta. De 2001 a 2007 se han recuperado cerca de 270 hectáreas en todo el territorio vasco, 40 de ellas el pasado año. Si el objetivo es descontaminar 4.023 hectáreas en un plazo de quince años -es decir, la mitad de todo el suelo detectado en condiciones de degradación-, los trabajos de regeneración deben acelerarse. En los casos de fincas privadas, el responsable de acometer los trabajos es el propietario del suelo, que es quien debe correr con los gastos derivados de estas actuaciones.
Los tratamientos de descontaminación pueden tratarse a través de técnicas de lavado químico en el propio terreno o, en casos como el lindane, a través del excavado del suelo contaminado, que es conducido a vertederos y sellado en celdas de seguridad, cuya gestión y control es calificada de «dudosa y engañosa» por parte de Lur Maitea.