La ligera deformación que produce en la voz la conexión por teléfono vía satélite no impide sentir al otro lado del aparato, a miles de kilómetros, a una persona plena de satisfacción por el trabajo bien hecho e ilusionada por un nuevo reto a la vista. Es Edurne Pasaban, que hace una semana holló el Manaslu, su undécimo 'ochomil', y cinco días después estaba ya en el campo base del Shisha Pangma, su próximo objetivo. La tolosarra está lanzada en su meta de ser la primera mujer que asciende los catorce 'ochomiles'. Pero no pierde la perspectiva. Sigue pensando que la satisfacción personal está por encima del logro deportivo y que hay que ir paso a paso.
-Parece que el Manaslu le ha dejado un sabor de boca especialmente bueno. ¿Es así?
-Sí. La verdad es que sí. Cuando llegamos a mediados de septiembre lo vimos muy mal porque no paraba de nevar. Aunque yo siempre he sido de los más optimistas del grupo. Estaba claro que en algún momento tenía que cambiar el tiempo. Y fueron esos primeros quince días los difíciles. Pero luego, al final, cuando el día 29 pudimos montar el campo 2 y dormir en él, y seis días después hacíamos todo el grupo cumbre, la verdad es que la sensación que te deja es perfecta. De que todo ha salido bien.
-¿Llegó a tener dudas de que podía hacer cumbre?
-Sí. Muchas. Fíjate. Llegamos al campo base el día 13. El 15 montamos el campo 1 y desde entonces hasta el día 29 no pudimos hacer nada. Es lógico que durante todo ese tiempo surjan dudas. Además, era el tema de conversación en el campo base: que si la montaña se está cargando mucho, que si no lo vamos a poder hacer. y eso te va desgastando. Yo intentaba mantener la moral alta, pero la verdad es que hubo momentos de bajón. Aunque nunca me planteé abandonar. Siempre les decía a mis compañeros que estaba dispuesta a quedarme hasta finales de octubre porque algún día tenía que hacer bueno.
-Han arriesgado más de lo habitual por el exceso de nieve y lo ajustado de la aclimatación?
-No. No tengo esa sensación. Yo tenía la experiencia del Dhaulagiri en primavera, que hicimos una aclimatación parecida. Así que no lo veía tan mal. Además cuando estás en una montaña como ésta, en la que las oportunidades que te da son mínimas y sólo te ha dejado dormir una noche a esas alturas, tienes que asumirlo y aprovechar el momento que te ofrece para tirar para arriba, aunque sepas que puedes ir con la aclimatación un poco justa.
-¿El que hubiese tantas comerciales facilitó la ascensión o en algún momento ha supuesto un plus de riesgo, como sucede en el Everest?
-La presencia de las expediciones comerciales ha tenido dos vertientes. Por un lado, el que hubiese tantas con muchos sherpas facilitó la ascensión desde el punto de vista de que, en cuanto hizo buen tiempo, pudimos hacer cumbre muy rápido porque todos trabajaron a tope para abrir huella y equipar la ruta, salvo el tramo entre las dos cimas, que lo equipamos nosotros. Luego está la otra parte, la de toda la gente que te encuentras en la montaña, algunos, sin mucha experiencia ni bien aclimatados. Así que luego ves cosas como clientes subiendo con oxigeno desde el campo 1. Pero eso es algo inevitable hoy en día. Y más en este caso, en el que la gente no se había podido aclimatar bien. Entonces les enchufan el oxígeno desde abajo, hacen cumbre y para casa. Es una pasada.
-El grupo que habéis estado ha sido de lujo. Seguramente, desde el K2, el más fuerte con el que has hecho un 'ochomil'. Estarás muy satisfecha con el trabajo de todos.
-Mucho. Muy contenta. Con todos. Es un equipo superfuerte. Perfecto no sólo para hacer el Manaslu sino para otros proyectos de futuro. Seguramente el equipo se mantendrá prácticamente igual para mis próximos 'ochomiles'.
-Y usted, ¿cómo está? Se le nota muy motivada y fuerte para completar el objetivo de los catorce.
-Yo estoy muy bien. Ahora, porque el año pasado no fue uno de los mejores. Personalmente no fue bueno. Y por eso tampoco lo fue deportivamente. Aunque subí al Broad Peak, fallé en otros dos 'ochomiles'. Y la culpa fue mía porque una persona, para afrontar esos retos, no sólo tiene que estar físicamente preparada, sino también mentalmente. Un deportista tiene que estar cien por cien a lo que está. Pero a finales del año pasado cambié el chip, me centré sólo en terminar los catorce, en entrenar, en hacer un buen equipo para conseguirlo y en pensar en lo que realmente me motiva, que es este proyecto. Y ahora, después de haber subido al Dhaulagiri y al Manaslu, estoy muy bien. Ahora estoy en el Shisha y ojalá salga todo bien aquí. Y si no, no va a empañar lo que considero que ha sido un gran año. Y lo digo desde el sentimiento de que aunque deportivamente he hecho cosas importantes, como persona he logrado muchas más.
-Tras el Manaslu, algunas voces han criticado su forma de subir 'ochomiles'. ¿Tiene algo que decir o prefiere dejarlo para cuando vuelva a casa?
-Yo creo que ni ahora ni a la vuelta. Como en todos los deportes, parece ser que no nieva igual para todo el mundo. Además las críticas han sido sólo de una persona. Sólo quiero que la próxima vez que vaya a criticar a alguien se informe un poco mejor.
-Siempre ha negado que esté en una carrera con Nives Meroi y Gerlinde Kaltenbrunner, las otras dos mujeres con 11 'ochomiles'. Pero, ahora que está tan cerca el final, ¿no es inevitable mirarlas un poco de reojo para ver cómo van y lo que hacen?
-Por supuesto que es inevitable. Pero hay que mirarlas con buenos ojos, con los pies en la tierra. Como compañeras, no como rivales. Evidentemente, si te surge una oportunidad como a mí ahora en el Shisha la aprovechas, pero sin obsesionarte. A la que más sigo es a Gerlinde y no porque la vea como una rival, sino todo lo contrario, porque con ella tengo una excelente relación. La pena es que nos faltan montañas distintas y no vamos a coincidir. Pero la última, sea cual sea, la haré de la mano con ella, aunque sólo sea mentalmente.
-En el Manaslu ha coincidido con Nives. ¿Cómo ha sido la relación con ella?
-Nada, ninguna. No tengo prácticamente relación con ella. Es un «hola, qué tal» y nada más. Absolutamente nada que ver con la que tengo con Gerlinde. No sé si es porque ella es mayor y somos de otra generación o porque no se ha dado la ocasión para acercarnos, el caso es que no tenemos contacto.
-¿Pero esa frialdad es mutua? ¿Ha habido alguna vez algún problema?
-No lo sé. Por mi parte desde luego no. Quizás es que está muy centrada en su objetivo o tampoco le interesa tener amistades más allá de su círculo personal. Yo desde luego cuando me he encontrado con ella en el Manaslu la he saludado, la he preguntado por su rodilla (tuvo una grave lesión el año pasado en el Makalu) y la verdad es que su respuesta fue un poco fría. Dejémoslo así.
-¿Cuando usted llegó a la cima ya sabía que ella también había subido?
-Ella hizo cumbre el día antes. Pero yo no me enteré hasta la bajada, cuando nos encontramos con otros miembros de su expedición que iban para arriba y nos dijeron que ella y su marido se habían adelantado y habían subido el día anterior.