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Bilbao Basket

La primera derrota del iurbentia

Severo castigo para el iurbentia, que se dejó en el vestuario las virtudes con las que aspiraba a mantenerse invicto

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Hay una lectura positiva para la paliza que recibió ayer el iurbentia en Manresa: no se trataba del Bilbao Basket. Era otro equipo al que alguna fuerza oculta, posiblemente alienígena, había abducido en algún momento del trayecto del hotel de concentración al Nou Congost. No fueron los hombres de negro los que se personaron en el parqué barcelonés y por lo tanto el interés radica ahora en encontrarles, en saber qué fue de ellos, cuál es su paradero.
No tiene explicación la mutación vivida. Carece de ella porque cuesta asisitir a un punto de inflexión en el que se alinean todas las fuerzas negativas imaginables. Es imposible vaticinar que intensidad, ritmo, atención, concentración, mentalidad positiva, dureza, visión de juego, puntería, tranquilidad y orgullo alcancen al unísono sus cotas más bajas desde hace muchísimo tiempo. El resumen del día tonto sirve, siempre que la tontera desaparezca y se ganen o pierdan los partidos de otro modo.
Ni una a derechas. Ni en el espeso comienzo en el que el iurbentia se comió la bola al concluir las dos primeras posesiones sin tirar, ni en la evolución del partido hacia el monólogo manresano. Un triple de Paco Vázquez que servía para poner a los de La Casilla por delante en el marcador (4-7), fue la última, única, alegría para los de Vidorreta. Ahí, en el cartón siete, se quedó clavado el iurbentia durante una eternidad. Siete fueron los puntos que presentó en su tarjeta del primer recorrido. Era como para preguntar si habían olvidado anotar el resto. Parcial de 13-0 en contra y el Ricoh Manresa se atiborró de autoconfianza.
El año pasado, también en esta ruidosa cancha, el segundo acto fue el del despegue hacia la remontada. No cayó la misma breva. Porcentajes paupérrimos al descanso (30% en canastas de dos y 20% en triples). De poco servía dominar el rebote. Sí, las capturas eran superiores, pero de ellos no se sacaba rendimiento alguno. Aunque el servicio estadístico del equipo manresano diera la sensación de haberse contagiado del errático rumbo visitante, el menos uno de valoración como equipo tras los diez minutos menos malos del partido apuntaban al desastre.
Claro que nadie, posiblemente ni los voluntariosos seguidores locales, esperaban que el Manresa siguiera con el bordado de su faena hasta límites exquisitos. Pérdidas por quedarse a recibir el balón como si el rival no corriera, malas elecciones de tiro, apuntes de fortuna en contra con ayudas defensivas que asemejaban robos que acababan convertidos, sin embargo, en contragolpes manresanos. Y todos tan felices, los de casa, claro. Hasta Balmón, que clavó un triple en una jugada de dos segundos que cerraban el tercer cuarto.
San Miguel lideraba a los suyos y Marco le secundaba. Montañez supo hincar el diente en la presa cuando la vio tocada. Alzamora, Rubio y Asselin parecían gigntes al dominar el posteo. E Ibaka le daba al pueblo lo que quería: tapones con el cuerpo por encima del balón, mates y un par de buenas canastas de cuatro metros. Los del otro bando, nada. El querer de Pasalic, la tímida reacción final de Banic, la disposición defensiva ya en los minutos de la basura de Lewis y un par de triples en doce segundos de Salgado y Recker que permitieron al iurbentia instalarse en la cincuentena.
Sin brillo en los ojos
Cabeceando, negando antes de tiempo, con la mirada clavada en el suelo, a los hombres de negro se les escapó la vida a pasos de gigante. Tras la vuelta del vestuario en el descanso, no demoraron que su fuero interno dictaminará la condena del choque. Derrotados, sin brillo en los ojos, sin querer compartir con nadie el escozor de una derrota ante la que nada se puede apuntar. Pudo ser nocivo el ambiente de positivismo con el que llegaron los vizcaínos a Manresa, pero parece unánime la idea de que la ambición forma parte del 'show'. Ayer, si la hubo, nadie la vio a partir de los cinco primeros minutos de juego.
75 puntos encajados, guarismos aceptables sin detenerse a parar el vídeo del partido. Pero los 55 anotados, con 17 pérdidas y ocho tapones recibidos, esos duelen sobremanera. El pleno saltó hecho añicos y el iurbentia se mantiene ahora de las rentas de su doble victoria inicial. El sábado, frente al Unicaja, el paso adelante debe ser unánime. Como en los saludos de las grandes compañías al acabar el espectáculo. Desde la pizarra a la mentalización, pasando por el factor cancha que en este deporte es un don para quien sabe manejarlo.
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