Metales vaporosos y gasas rígidas. Negros que brillan y colores que mueren. Líneas sobrias y atrevidas transparencias nada habituales en la moda China. Elementos de ayer y de hoy. De Oriente y de Occidente. Frankie Xie volvió a sorprender en el cierre de la Semana de la Moda de París con la colección más sexy jamás presentada en Occidente por un diseñador chino. Confirma así su ya indiscutible liderazgo en el sector de la moda del Gran Dragón, y pone un broche de oro a su quinta participación en la principal pasarela mundial.
Han pasado ya dos años desde que Jefen, la marca comercial de Xie, se convirtió en la primera empresa china invitada a mostrar sus creaciones en la capital gala. Entonces, Xie fue el encargado de dar el pistoletazo de salida al evento, honor reservado a pocos privilegiados. Pero el camino no era de seda. Corrieron ríos de tinta envenenada, que ligaban el debut de un diseñador chino en París únicamente a la efervescencia de China. Ahora, los aplausos lo acompañan allá donde va. Aun así, Xie reconoce, en esta entrevista, que todavía se enfrenta a grandes dificultades. «No es fácil estar a la altura del diseño europeo, ni competir con emporios establecidos hace décadas».
-¿Ha decidido por eso utilizar cierta dosis de erotismo, jugar con las armas occidentales?
-He utilizado las transparencias y los vestidos muy cortos para contrarrestar la tristeza que siempre transmite el negro, muy presente en esta colección. Para un diseñador chino estos elementos suponen una novedad y, aunque hace una década en mi país no se habrían aceptado, las cosas cambian tan rápido en China que la gente ya comienza a acostumbrarse a cierta irreverencia en la moda.
-Pero no creo que venda en China muchos modelos tan atrevidos.
-El mercado chino está claramente segmentado y, aunque la mayoría todavía busca más la uniformidad que destacar, por un miedo ancestral a resultar excesivamente 'sexy' y al del qué dirán, cada vez son más las que se atreven con cosas nuevas, más llamativas y alejadas de lo tradicional. Tienen interés y presencia todas las marcas occidentales, y eso ha llevado brisa fresca al mundo de la moda y, quizá, también a la mentalidad.
«La moda es occidental»
-¿Es difícil, como diseñador, adaptarse a los vertiginosos cambios de la sociedad china?
-Sin duda. Es un reto continuo porque cambian los gustos de un día para otro, pero también es fuente de nuevas oportunidades. El crecimiento económico ha permitido que millones de personas nutran las clases media y alta, y están dispuestas a comprar moda de calidad. Así es cómo aumenta el mercado global. Además, la entrada de la prensa especializada ha permitido que el consumidor esté mucho mejor informado y sepa qué es lo que quiere.
-Pero parece que las marcas occidentales se comen todo el pastel.
-Es un mercado difícil para los diseñadores locales. La moda es, para la mayoría, un concepto occidental. Afinando, diría que es incluso patrimonio europeo. Por eso, las marcas de aquí lo tienen más fácil en China. Son nombres consolidados, mientras que los diseñadores chinos comenzamos a despuntar ahora, somos todavía un embrión. El mercado local exige diseños europeos, aunque comienza a aceptar la mezcla con elementos chinos.
-Usted estudió y trabajó en Japón, junto a Mistuhiro Mazda. Ahora ese país es cuna de grandes diseñadores. ¿China seguirá sus pasos?
-Se pueden hacer paralelismos, siempre guardando las distancias. Es cierto que ambos países dieron sus primeros pasos en la moda gracias al desarrollo económico, y los dos lo hicieron copiando el estilo de Europa. Y también es cierto que las raíces de ambas culturas son las mismas. Pero hay grandes diferencias, y cada uno ha tomado su camino. En primer lugar, hay un grupo de diseñadores japoneses que han sabido crear un estilo propio, muy diferenciado de cualquier otro, mientras que China se dirige hacia la creación de híbridos. En realidad, China nunca tendrá un estilo original como el de Japón, que fue capaz de provocar un 'shock' en Europa cuando Yamamoto hizo sus primeros desfiles. Será una mezcla de muchos, porque el país es como una esponja que absorbe todo lo que llega de otras culturas y luego lo funde para crear un producto.
-No parece muy imaginativo.
-Es cierto. Necesitamos encontrar un nuevo camino, pero creo que siempre será la combinación de otros que ya se han recorrido antes. Por ejemplo, Japón ha sido más fiel a la tradición asiática de insinuar que a la de mostrar. Europa siempre ha sido directa, y ha querido resaltar el cuerpo de la mujer con ropa ceñida y atrevida. China buscará un punto intermedio, con la combinación de elementos de ambas perspectivas.
-¿Llegará a ese objetivo más rápido que Japón?
-Yo no creo que sea cierto que el desarrollo chino es más veloz que el japonés. Piense que ellos partieron de un país en ruinas tras la Segunda Guerra Mundial, y que en los 80 ya eran la principal potencia de Asia, y en los 90 la segunda del mundo. Nosotros llevamos tres décadas de reformas y de crecimiento, pero todavía estamos muy lejos del bienestar nipón. En algunos aspectos, incluso podríamos decir que nos aventajan un siglo.
-¿Por ejemplo?
-En la educación. Japón hace más de cien años que consideró necesaria la educación obligatoria gratuita, algo que en China es una realidad desde hace muy poco, y eso a pesar de que se trata de algo vital para el éxito.
Calidad y cantidad
-¿El label 'made in China' se puede considerar una etiqueta de calidad?
-Desafortunadamente, no. Estamos en la primera fase de nuestro desarrollo y, por las características de nuestro país, que es vasto y diverso, es difícil conseguir productos de calidad en cantidad similar a la de Occidente o Japón. Le pondré un símil: si en Japón, que es una archipiélago con una población limitada, alguien tiene éxito produciendo copas, tratará de mejorar la calidad todo lo posible. El chino, sin embargo, decidirá simplemente aumentar la producción del primer diseño todo lo que permita la tecnología. Cantidad sobre calidad. Pero todo está cambiando a gran velocidad, y en China ya se producen todo tipo de objetos para empresas de los cinco continentes, y el concepto de calidad comienza a calar.
-¿Podrán algún día Pekín y Shanghai competir con París, Milán o Nueva York?
-Depende del camino que siga el crecimiento económico. Si continúa como hasta ahora, creo que en el futuro sí será posible. Pero también puede suceder lo mismo que le pasó a la pasarela de Tokio: en los 90, aupada por el 'boom' de Japón, llegó a tratar de tú a Nueva York; ahora nadie quiere ir.
¿Y las copias?
-Europa y Estados Unidos están inmersos en una grave crisis económica. ¿Puede eso beneficiar a la moda china?
-No estoy seguro. Nadie sabe cuánto durará la crisis, ni si arrastrará a China al agujero. Pero es cierto que la moda, al igual que el resto de las artes, está íntimamente ligada a la economía y la política. Sin la apertura de China y su crecimiento, ahora no estaríamos hablando. En el mundo globalizado, pienso que es mejor que vayan bien las cosas, de lo contrario el efecto dominó está casi garantizado.
-La deslocalización también ha favorecido el fenómeno de las copias que tanto daño hacen a las grandes marcas. ¿Qué piensa al respecto?
-Creo que en este aspecto sí seguiremos la estela de Japón, donde hace dos décadas también se copiaban los modelos de Europa. Yo he sufrido personalmente el problema de la falta de protección de la propiedad intelectual en China. Cuando Jefen comenzó su andadura, y tuvimos cierto éxito, no tardaron en salir competidores que copiaban nuestros diseños. Pero también es cierto que hoy, casi una década después, la situación ha mejorado. Y no me cabe duda de que seguirá haciéndolo. Es sólo cuestión de tiempo.
-¿Cómo ve el futuro de la moda china?
-Creo que adquirirá un estilo global, poco original, y tendrá un éxito moderado. Pero lo mismo sucederá con las artes plásticas o la arquitectura, dos ámbitos en los que ya se puede ver cómo China no despunta por encima de otros países que, teóricamente, tendrían que estar por detrás por capacidad económica o demográfica.