Para los vecinos del barrio de Las Delicias de Castrejana, llueve sobre mojado. Sufrieron en primera línea de fuego las voladuras necesarias para la construcción del corredor del Cadagua y pocos años después, con algunas señales de aquellas explosiones aún sin resolver, las vibraciones han vuelto al barrio con las obras de la 'Supersur'. Un buen puñado de edificios, sobre todo los más antiguos que no tienen estructuras de hormigón, asistieron a la inauguración de la autovía con fisuras de diversa importancia en paredes, techos y fachadas y decenas de ellos acudieron a la sociedad foral Interbiak para que reparara los daños.
La Diputación asumió algunos desperfectos, pero los peritos determinaron que los daños sufridos en otras viviendas no estaban causados por las voladuras. Ahora, algunos de esos casos están en los tribunales -en el Juzgado de Primera Instancia número 7 de Bilbao- y, mientras esperan el juicio, los vecinos han visto rebrotar las grietas en sus domicilios. A ellos no les cabe duda de que la causa son las voladuras de las obras de la 'Supersur', que hacen temblar sus casas «siete veces al día».
Uno de los bloques más afectados es el número 4 de la calle Las Delicias. Los pisos inferiores, con paredes de piedra, están menos dañados, pero los tabiques de ladrillo de los pisos altos están recorridos por estrechas grietas que han despertado el temor de los residentes. Es el caso de Ana Mari Muñoz. Su piso, a 200 metros del lugar donde se hacían las voladuras del corredor, sufrió daños en 2004 y la próxima semana, cuatro años después, será un juez el que decida quién debe responsabilizarse de la reparación. «Cuando pararon aquellas voladuras dejaron de aparecer grietas, pero ha sido volver las vibraciones y empezar ha salir por todas partes. Tengo la casa destrozada, menos mal que no vivo aquí».
Por motivos familiares, reside en otro edificio cercano y para ella es un alivio. «Si allí cuando pegan el tiro de las once se mueve la cama, imagínate en este piso que tiene vigas de madera; sales corriendo y no paras», lamenta. Ni las inspecciones de peritos de Interbiak ni las del Ayuntamiento de Barakaldo han detectado problemas en la estructura que supongan un peligro para los vecinos, pero esto no les tranquiliza. «Es triste, nos hemos gastado los ahorros en estas casas y ahora ni siquiera me atrevería a vivir aquí», dice Muñoz.
«Sorpresa» ante las quejas
Los residentes en este pequeño barrio consideran que deberían haberse reforzado las precauciones sabiendo que estas viviendas «habían quedado tocadas». Interbiak respondió a los vecinos del bloque número 4 el pasado mes de marzo que, dado que se encontraban «a más de 180 metros de la voladura más cercana y comprobados los registros de vibraciones, los daños no pudieron estar causados por las voladuras controladas». Las nuevas grietas han provocado más quejas que aún no han tenido respuesta. «Dicen que no son ellos, ¿entonces quién?», cuestiona Muñoz. «Me dijeron que igual era del tren, pero ha pasado toda la vida por aquí y sólo circulan dos al día».
La Diputación ha reaccionado con «sorpresa» ante las quejas vecinales. «Estamos en contacto con la asociación del barrio y no nos han trasladado ningún problema respecto a las voladuras», aseguran fuentes forales. Respecto a las denuncias pendientes contra la constructora del corredor del Cadagua, la Diputación defiende que «nos hacemos cargo de todo lo que sea necesario, pero no podemos reparar aquello de lo que no somos responsables. Si alguien se siente perjudicado, está en su derecho de acudir a los tribunales a reclamarlo». Las voladuras están «absolutamente vigiladas por peritos y por la Guardia Civil», concluyen.