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La oscuridad es íntima amiga del delito y también hace buenas migas con el miedo. Por eso, el Ayuntamiento de Bilbao, consciente de que una buena iluminación ayuda a paliar ambos problemas, ha emprendido una cruzada para borrar del mapa de la villa todas aquellas zonas que se quedan en penumbra cuando oscurece y que los ciudadanos prefieren evitar por si algún asaltante o agresor sexual está al acecho entre las sombras. Así, este año el área de Obras y Servicios ha destinado tres millones de euros a la instalación de nuevos puntos de luz en más de 30 enclaves, la mayoría ubicados en los llamados barrios altos.
Además, alrededor de la cuarta parte de las actuaciones coinciden con lugares señalados como peligrosos para las mujeres en un informe del Instituto de Promoción de Estudios Sociales -realizado con la colaboración de grupos vecinales y feministas- que se hizo público en abril, días después de que una joven sufriese una agresión sexual en las escaleras de Iturribide, un acceso de titularidad vecinal donde la luz brillaba por su ausencia. En el estudio también se subrayaba el riesgo de algunos sitios como escaleras y parques grandes, dos de los ámbitos que el departamento municipal también ha incluido en su listado de zonas a iluminar.
Junto a este caso, el hecho de que dos de las últimas violaciones registradas en las calles de la capital vizcaína también hayan tenido lugar en lugares con escasa iluminación -en la madrugada del viernes una chica fue agredida en Maurice Ravel y en fiestas de Bilbao vejaron a una menor en el rincón de un garaje de Particular de Estraunza- confirma la tesis municipal sobre la estrecha relación entre la falta de luz y la seguridad ciudadana. «La iluminación es una parte fundamental de la mejora de la calidad de los espacios públicos», explica José Luis Sabas. No sólo se trata de mejorar la seguridad real, sino también de combatir «la desagradable sensación de peligro» que los ciudadanos tienen cuando pasan por un lugar oscuro. En definitiva, una ciudad no sólo tiene que ser segura, sino que debe parecerlo.
Colaboración vecinal
Además, su concepto de reforzar la seguridad con estas actuaciones no sólo se refiere al intento de inhibir a los malhechores a fuerza de vatios, también tiene que ver con la necesidad de hacer una ciudad con menos riesgos para las personas con problemas de movilidad. «No me gusta decir que Bilbao está envejeciendo, prefiero pensar que va haciéndose mayor. Y a la gente que tiene cierta edad hay que facilitarle las cosas en la medida de lo posible», destaca el edil, quien considera que una buena iluminación «puede hacer mucho» por este colectivo, en el que muchas personas sienten inseguridad al caminar si no ven bien por donde pisan.
Y no se basa en sus conocimientos teóricos para realizar esta afirmación. Hay un caso que siempre tiene en mente cuando trata de explicar la importancia del alumbrado. «En una ocasión, una señora anciana que vivía en el barrio de San Felicísimo nos dijo que cuando oscurecía no salía de casa por temor a la oscuridad, porque no tenía ninguna farola en las inmediaciones. Así que pasaba cantidad de tiempo enclaustrada en casa, sobre todo en invierno, cuando se hace de noche tan pronto. No iba ni a misa por si se le hacía tarde. Entonces, lo que hicimos fue ponerle un punto de luz... y le cambió la vida», relata. El concejal recuerda incluso cuánto costó la operación: «1.236 euros». A la señora mayor le valió un mundo. «Bilbao no sólo es la ciudad de los grandes proyectos urbanísticos, también es la de las pequeñas cosas que mejoran la calidad de vida de los vecinos», recalca Sabas.
Para trazar un mapa de las zonas oscuras en la ciudad, el departamento ha estado recabando información durante dos años. Diferentes asociaciones y vecinos -mediante reuniones directas con responsables del área y en los consejos de distrito- han alertado al Ayuntamiento de los puntos negros existentes en los vecindarios de la ciudad. Además, los vigilantes de barrio que Obras y Servicios despliega por todos los barrios en busca de problemas que subsanar y de sugerencias vecinales es determinante para la erradicación de zonas oscuras. Y también hay empleados municipales que miden la intensidad de la luz en diferentes zonas para asegurarse de que la iluminación no es precaria.
Una vez señalados los puntos con mayores problemas, el Ayuntamiento se ha puesto manos a la obra. De las 36 operaciones de alumbrado previstas para este año, aún faltan una veintena por concluir, de modo que en los próximos meses habrá un aluvión de instalaciones. «Muchas de ellas consisten en renovar y mejorar el alumbrado ya existente y otras corresponden a obras y urbanizaciones recientes, como las futuras rampas de Solokoetxe, donde vamos a colocar luces», detalla el concejal, quien también destaca la «importancia estética» de estos elementos.
Según Sabas, el grueso de las nuevas instalaciones se realizarán en los barrios ubicados en zonas altas de la ciudad, «como Uribarri, Sarrikue, Remar, Zurbaranbarri y Zorroza», donde las demandas de alumbrado han sido mayores. «En el Camino de Arangoiti, por ejemplo, la colocación de luces va a mejorar mucho la calidad de vida de los vecinos y la forma de percibir la zona», apunta el responsable de Obras y Servicios, un área que gasta anualmente cuatro millones de euros en mantener del alumbrado de una villa cada vez menos oscura.
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