El acuerdo alcanzado en 1991 en virtud del cual el PP se integraba en UPN y este partido actuaba en la política nacional de la mano de la formación popular instauró en la comunidad foral el modelo bávaro de representación del centro derecha: la CSU representa en Baviera a la democracia cristiana de la CDU y esta última formación se ocupa de la política nacional alemana. A José María Aznar le gustó tanto el modelo que llegó a proponérselo a los catalanes de CiU, aunque sin mucho éxito.
El acuerdo de abstenerse en la votación de los Presupuestos Generales del Estado, adoptado el viernes por el consejo político de UPN por abrumadora mayoría, pone en crisis la relación entre el partido navarro y el PP que se estableció hace diecisiete años, a pesar de que las coincidencias políticas que tienen sean más importantes que las diferencias.
El problema de fondo no son los Presupuestos del Gobierno de Zapatero, que en lo que concierne a Navarra son más bien malos, según han admitido los propios dirigentes de UPN. Aunque registran un aparente incremento de las inversiones del 37%, el gasto real sólo aumenta unas décimas. La partida principal, una inversión de cien millones de euros para el Canal de Navarra, no es más que un apunte contable ya que el desembolso efectivo para esa obra se realizó en tiempos de José María Aznar. La segunda partida -40 millones para una cárcel nueva- va a ser imposible de gastar porque el proyecto no cuenta con autorización municipal.
Los Presupuestos han sido la excusa, poco afortunada además, que puso el presidente Miguel Sanz en las declaraciones que hizo a 'Diario de Navarra' el 7 de septiembre y con las que abrió la polémica que ha conducido al acuerdo del viernes del consejo político de UPN. En realidad, lo que busca Sanz es un cambio en la estrategia de UPN que sitúe a este partido en el centro político, le permita recuperar la capacidad de entendimiento con los socialistas que ha sido tradicional en Navarra, con la excepción de la pasada legislatura, y que le cierre el paso a Nafarroa Bai.
Resistencias internas
El pacto entre UPN y el PP no fue tanto el resultado de afinidades ideológicas -las resistencias en el seno de UPN a ese acuerdo fueron en su día muy importantes- como un entendimiento obligado por la legislación electoral navarra. Hasta 2001, en Navarra formaba gobierno de manera automática el candidato de la lista con más parlamentarios, aunque no tuviera mayoría en la Cámara, si no había una coalición alternativa que agrupara a la mayoría absoluta. La fragmentación política en el Parlamento navarro -en 1979 había nueve grupos representados, en 1987, ocho, y de media en todas las legislaturas, seis- hizo virtualmente imposible una coalición con mayoría en la Cámara. Sólo en una de las nueve legislaturas -la de 1995- hubo coalición, aunque no duró más que año y medio.
El PSN, liderado por Gabriel Urralburu, gobernó entre 1983 y 1991 por ser la primera fuerza política: en 1983, con 20 escaños frente a los 30 del resto y en 1987 con 15 escaños propios y 35 de la oposición. UPN y el PP pactaron en 1991 buscando ser la primera fuerza y lo consiguieron ese mismo año superando por un escaño y cinco mil votos a los socialistas, lo que les permitió llegar al Gobierno por vez primera. Esa singularidad foral que complicaba muchísimo la formación del Ejecutivo y la gobernación posterior fue anulada en 2001, por lo que el estímulo principal para el pacto bávaro UPN-PP ha desaparecido. Ahora para llegar al Gobierno en Pamplona la capacidad de pactar es más importante que ser la primera fuerza, igual que en otras comunidades: los casos de Galicia, Canarias, Baleares o Cataluña, aparte de la propia Navarra, lo demuestran.
Al mismo tiempo, la minoría de los ejecutivos en Navarra -sólo en la legislatura pasada un partido, UPN, ha tenido mayoría absoluta- ha obligado a pactos permanentes entre el PSOE y UPN para sacar adelante los grandes proyectos y para asegurar el ejercicio del poder. Los dos grandes partidos navarros han sabido entenderse y apoyarse mutuamente estuviese en el poder uno u otro. Pero esa capacidad de diálogo se perdió durante la legislatura pasada, al extenderse a Navarra las tensiones propias de la pugna nacional entre socialistas y populares.
La sombra nacionalista
Tras las elecciones autonómicas de 2007, en las que UPN perdió la mayoría absoluta a pesar de ser el primer partido, Miguel Sanz vio el coste que tenía la pérdida de capacidad de negociación con los socialistas cuando éstos estuvieron a punto de pactar con Nafarroa Bai un nuevo gobierno, algo que impidió a última hora la decisión de los dirigentes del PSOE. Sanz se ha propuesto volver a recuperar la capacidad de pactar con los socialistas navarros como en el pasado porque, de otra forma, la única manera de mantener el poder sería obtener siempre la mayoría absoluta y la historia electoral de Navarra demuestra que eso es algo excepcional y que lo habitual es la minoría mayoritaria.
Al distanciarse del PP, Miguel Sanz busca una imagen alejada de muchas polémicas cainitas de la política nacional que en Navarra se han vivido de forma distante. Pero, sobre todo, busca acentuar el perfil más navarrista de UPN, un valor bien cotizado en el electorado de la comunidad foral. De ello son conscientes en Nafarroa Bai, que han visto en la jugada de Miguel Sanz una operación contra la coalición nacionalista, no sólo porque busque los votos del particularismo navarro, sino porque el acercamiento a los socialistas puede acarrear un alejamiento de éstos de las tesis de pacto con el nacionalismo.