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Fútbol Tiko recupera la ilusión en el Eibar

Tiko se muestra entusiasmado por su experiencia en el Eibar, un club sin estrellas en el que el día a día del jugador está muy lejos del lujo de Lezama

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En los concurridos entrenamientos del Athletic, los jugadores cumplen cada día con un ritual. Deben detenerse antes de abandonar el parking de jugadores para firmar decenas de fotos y autógrafos. El miércoles, en el campo de Ipurúa, sólo un jubilado atendía al trabajo del Eibar. Ayer la asistencia se dobló: un padre y su hijo de siete años. Roberto Martínez 'Tiko' no tiene aquí aparcamiento reservado. Cada día debe buscar su hueco. El miércoles lo encontró bajo un puente de la autopista A-8. Y, desde luego, nadie se arrimó a él para pedirle su firma.
Tras ocho años en el Athletic y un partido como internacional con España, juega ahora como cedido en el club que es el paradigma de la modestia y la sensatez económica en Segunda A. Es el Eibar, donde los jugadores mejor pagados cobran poco más de 40.000 euros, una cifra muy por debajo de la ficha que el navarro tiene firmada con el Athletic hasta el 30 de junio de 2010, cuando concluye contrato.
Tiko llegó al Eibar como refuerzo estrella en la última semana de pretemporada. Aún no ha podido ser titular. Busca su puesta a punto después de dos años sin competir. Pero antes de mostrar su condición de jugador de gran clase, ha debido adaptarse a un nuevo ideario. Y lo ha hecho encantado.
La vida del jugador del Eibar está muy lejos del lujo de la de uno del Athletic. Aquí, además de ser futbolista hay que hacer las labores de utillero y manipulador de alimentos. Carlos Pouso, el vizcaíno que esta campaña ha llegado al banquillo azulgrana, decidió establecer unas pautas de nutrición. Al acabar los entrenamientos, los jugadores comen fruta (melón, sandía, melocotón...), productos lácteos, batidos y gazpachos.
Algo parecido a lo que se hace en Lezama, aunque allí desayunan antes de las sesiones. La principal diferencia está, sin embargo, en los medios de los clubes. A las instalaciones rojiblancas llega cada día un servicio de catering con los productos. «Aquí nos lo hacemos nosotros en plan cooperativa», indica Pouso. La plantilla está dividida en tres grupos, que se turnan semanalmente. Cuando a Tiko le toca, debe, con otros siete jugadores, ir al 'txoko' del club, bajar los alimentos, limpiar la fruta, trocearla, preparar los batidos y los gazpachos. Pero su labor no acaba ahí. Con apenas tres empleados no deportivos en nómina, frente a los 82 del Athletic, los jugadores deben encargarse de colocar y retirar del campo todo el utillaje necesario para los entrenamientos.
Ayer los azulgranas comieron en el 'txoko' antes de iniciar viaje a Salamanca, donde hoy juegan (20.30 horas, Canal +). Se almuerza en el campo porque es más barato que hacerlo en un restaurante. Y más, si como es el caso, las viandas las preparan dos mujeres y los 'camareros' son los propios jugadores, los encargados de poner las mesas y trasladar los alimentos.
Queso, jamón y chorizo
También hay días para saltarse el régimen, como al inicio de esos interminables viajes en autobús. Para jugar en Alicante, sin ir más lejos, salió de su casa a las ocho de la mañana del sábado y regresó a las siete del lunes. Pero eso sí, como es una costumbre en el club, en la ida se para en Pancorbo a comer queso, jamón y chorizo, algo que haría darse de cabezazos en la pared al doctor Antonio Escribano, el reputado endocrino que ha fichado este año el Athletic.
Tiko entendió a la primera dónde estaba y lo asume con convencimiento. «Soy jugador del Eibar y no quiero parecer otra cosa», avisa. El descenso de categoría le ha rejuvenecido. «He acertado con el cambio porque me vuelvo a sentir futbolista».
A Pouso la operación se la planteó un agente pocos días antes de comenzar la Liga. ¿Pero como vamos a fichar nosotros a Tiko?, contestó incrédulo. «Pues si le llamas y se lo ofreces, acepta encantado porque quiere sentirse de nuevo jugador y, como ha sido padre de una niña hace un año, no quiere levantar la casa de Berango», le replicaron.
Pouso, un torrente de entusiasmo, se citó con el navarro. «Hablé con él cara a cara tomando una cerveza. Me cautivaron varias cosas. En primer lugar que se había preocupado de recoger mucha información sobre el club, la plantilla y mi forma de trabajar. Además, me miraba a los ojos y me dejaba ver que estaba ansioso por venir».
Arrinconado por Joaquín Caparrós y después de sufrir dos operaciones en una de sus rodillas en el plazo de año y medio, Tiko se enfrentaba en el Athletic a un futuro negro y previsible. «Mi situación no era la idónea, porque incluso se especulaba que me podía quedar sin ficha. No jugué ni un partido de pretemporada y lo mejor era buscar una salida».
El aterrizaje en el Eibar, admite con sinceridad, es reflejo de su realidad deportiva. «El fútbol es hoy. No vale para nada lo que hayas hecho ayer. Cuando di el paso adelante, el Eibar era el club que más interés había mostrado por mí. Mi hoy, por tanto, es el Eibar. Y desde luego, para mí, es más gratificante el día a día aquí que en el Athletic sin participar».
La suya ha sido una estrategia arriesgada. El mundo del fútbol está lleno de jugadores de su edad que, en tesituras similares, prefieren quedarse en el club aunque no jueguen ni un minuto. «Tiko arriesga mucho con este paso porque tiene más que perder que ganar», señala Pouso, quien con una mezcla de admiración y respeto, sentencia «lo que no quería era ser un funcionario del fútbol».
Todo diferente
Lo que ha visto en el Eibar le gusta. «Aquí todo se vive de forma diferente. En Bilbao hay mayor tensión. Y aunque entre los jugadores también hay mucha relación, provoca que te refugies es tu casa porque necesitas un espacio para ti. Aquí, si los compañeros tomamos una cerveza, una, en Eibar la gente lo ve normal. Eso mismo en el Athletic tiene otras connotaciones y puede haber lecturas de gente tomándoselo mal».
Pouso no quiere presionar a Tiko. Necesita adquirir ritmo de competición y aún no ha llegado el momento de que juegue noventa minutos, aunque en los treinta que disputó el último domingo en Ipurúa ante el Albacete maravilló a los espectadores por su clarividencia en el pase y su certeza en el toque.
El navarro tampoco quiere mirar mucho más adelante. «¿Volver al Athletic? Si juego y lo hago bien, tendré más opciones de regresar para quedarme jugando porque lo que no quiero hacer es ir para tener que salir de nuevo». Por el momento, se centra en el día a día, en el descubrimiento de un club y una forma de entender el fútbol que le han cautivado. «Aquí se trabaja muy a gusto. La verdad es que estoy encantado y muy ilusionado», se despide.
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