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Cultura

Un genio del barroco visita Madrid

El Museo del Prado muestra 40 de las obras religiosas y mitológicas más importantes que realizó el artista holandés a lo largo de su vida
11.10.08 -

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De entre los grandes maestros de la pintura europea, Rembrandt (Leiden, 1606-Amsterdam, 1669) es uno de los menos representados en las colecciones españoles, incluidas las del Museo del Prado, que cuenta sólo con un cuadro, 'Artemisa' (1634), retrato de la hija de Asdrúbal, una mujer que prefirió beber veneno antes de entregarse a los romanos. Esta carestía de obras del genio holandés es lo que ha decidido a la pinacoteca a organizar la exposición 'Rembrandt. Pintor de historias', que se presenta como uno de los platos fuertes de la temporada.
Compuesta por 35 pinturas y cinco estampas procedentes de veinte lugares distintos de Europa y Estados Unidos, la muestra se centra en la faceta de Rembrandt como contador de historias, de ahí la proliferación de telas religiosas mitológicas. «Aunque fue también un gran pintor de retratos y paisajes, sus temas históricos explican con especial claridad la deuda que tuvo con el Renacimiento y, a la vez, la manera en que reaccionó ante la tradición para crear una obra originalísima, de una gran fuerza expresiva», dijo el comisario, Alejandro Vergara.
Es precisamente este aspecto del arte de Rembrandt el que mejor conecta -y el que mejor contrasta- con la tradición pictórica contenida en el Prado, como se aprecia en la tanda de lienzos -Rubens, Tiziano, Velázquez, Ribera, Veronés- que se han incluido en el recorrido para poder estudiar «lo que le inspiró y cómo reaccionó ante ello». Uno de los óleos que más llaman la atención -no sólo por el tamaño y los juegos lumínicos, sino por el tratamiento del tema- es el titulado 'Sansón cegado por los filisteos', fechado en 1636. «La daga en primer plano y ese puñal del soldado clavándoselo a Sansón en el ojo resultan impactantes», comentó Vergara. «Toda el esfuerzo de este pintor se centró en expresar emociones de una manera incisiva y conmovedora».
A los pintores, en el siglo XVII, se les consideraba meros artesanos. No tenían rango de artistas. Rembrandt aspiró a lo más alto. Quiso convertirse en un 'pintor de historia' didáctico y ejemplarizante. «Su modelo fue Rubens; persiguió su gloria, pero con una paleta propia», resaltó el comisario.
Energía mental
Ubicada en las salas A y B del nuevo edificio de Rafael Moneo y patrocinada por el BBVA, la exposición se ordena de forma cronológica. Comienza con los óleos de juventud, con un Rembrandt de mirada burlona y jocosa, y prosigue con un artista de emociones contenidas que domina a la perfección la técnica del claroscuro. «En su época de madurez desprecia el gesto; lo que busca es la energía mental de sus personajes».
De sus obras juveniles destaca 'San Pedro y San Pablo', prestado por la National Gallery de Melbourne. De su etapa de esplendor no conviene olvidar el 'Sansón y Dalila', del Stádel Museum de Frankfurt, 'El banquete de Baltasar', de la National Gallery de Londres, y 'Betsabé', un inquietante desnudo procedente del Louvre.
La muestra concluye con 'Autorretrato como Zeuxis', del museo Wallraf-Richartz de Colonia, pintado cinco años antes de su muerte. Rembrandt se retrata a sí mismo, sonriente y escéptico, en el papel del pintor griego Zeuxis. Según la tradición, este artista se murió de un ataque de risa mientras retrataba a una vieja decrépita y pellejuda. ¿De qué se sonríe Rembrandt? Posiblemente, como apuntan Vergara y otros expertos, es la sonrisa de un hombre que ha vivido todas las tragedias posibles -bancarrota, muerte de sus dos esposas, pérdida de un hijo, declinar de la fama- y que espera sus últimos días con la serena indiferencia de quien no tiene nada que perder. Ni ganar.
Las ausencias
La ausencia en la exposición de pinturas tan emblemáticas como 'La ronda nocturna', el 'Síndico de los pañeros' o la 'Lección de anatomía del doctor Tulp' responde a una «poderosa razón», apuntó Vergara. «Hay obras que no se piden porque son préstamos imposibles; de la misma manera que a nosotros no nos piden 'Las meninas', al Prado tampoco se le ocurre pedir 'La ronda nocturna' o la 'Lección de anatomía del doctor Tulp'.
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