La red de aguas de Bilbao se está reforzando poco a poco con equipos de vigilancia para controlar las fugas, que en su mayoría pasan desapercibidos para los ciudadanos. Ayer, sin embargo, la instalación de uno de estos caudalímetros en un punto estratégico dejó los grifos secos durante casi toda la tarde en Santutxu y algunas zonas de Begoña. El Ayuntamiento hizo coincidir dos actuaciones -también se están renovando las tuberías en la Avenida Zumalacárregui- para evitar cortes de agua sucesivos en la misma zona. En total se vieron afectados 50.000 vecinos, aunque las obras concluyeron sin incidencias y antes de lo previsto. Para las nueve ya se había reanudado el suministro en la mayor parte de los hogares.
El abastecimiento se interrumpió a las cuatro de la tarde, después de varias semanas de preparativos en el área de Obras y Servicios. La excavación que se ha llevado a cabo en la avenida Jesús Galíndez ya estaba avanzada y los técnicos hicieron acopio de piezas de diferentes diámetros para prevenir cualquier eventualidad, ya que, una vez que se corta el agua, el tiempo es oro. El caudalímetro va adosado a la tubería, de 600 milímetros, y realiza una medición «en continuo» del nivel del agua. Si se produce una fuga, se activa una alarma que los técnicos detectarán en tiempo real a través de Internet. El centro de mando está en la sede del departamento.
El sistema de control de los 500 kilómetros de la red de aguas de Bilbao, que exigirá una inversión de un millón de euros, se pondrá en marcha en diciembre. Con el de ayer ya son 30 los dispositivos instalados en las tuberías y sólo faltan algunos equipos complementarios que no requerirán cortes de suministro. El de la calle Jesús Galíndez es un caso especial «porque está al lado de un depósito, una toma directa del Consorcio», y es imposible intervenir sin cortar el agua, explica la jefa de la subárea de Saneamiento y Abastecimiento, Noelia Izquierdo.
El Ayuntamiento movilizó a 27 operarios con camiones y excavadoras para concluir los trabajos en el menor tiempo posible. Los nuevos equipos «tomarán la tensión y la presión» a las tuberías, destacó el concejal de Obras y Servicios, José Luis Sabas, mientras seguía la evolución del tajo. Permitirán trabajar con datos reales en el control de las fugas, que según las estimaciones que se manejan es un empeño de gran calado. En la actualidad se calcula que casi una cuarta parte del suministro, el 23%, no llega a los grifos y el objetivo es reducir las pérdidas al 12% a medio plazo. El otro gran empeño del área es renovar las tuberías que van desde los depósitos de agua hasta la red secundaria que la distribuye a los portales. Las más importantes se habrán puesto al día para 2011, según las previsiones.
Estas obras suelen solaparse con proyectos de urbanización para evitar abrir dos veces la misma calle. En la Avenida Zumalacárregui, donde la Diputación construye una rotonda y un bulevar para calmar el tráfico, las tuberías estaban en muy mal estado y se ha construido una nueva conducción de 400 milímetros de diámetro. Ayer hubo que cortar el agua en esta zona para realizar el empalme a la red general y poner en servicio la nueva infraestructura. Se abrieron cuatro tajos, en la confluencia con Párroco Ugaz y Vía Vieja de Lezama, y las tareas se prolongaron hasta la madrugada, aunque sólo unos 2.000 vecinos se fueron a dormir sin agua. A las nueve de la noche, una vez colocado el caudalímetro, se restableció el suministro para 48.000 personas.