'Quemar después de leer' es la primera 'comedia idiota' que Brad Pitt rueda con los hermanos Coen. Arropado por su buen amigo George Clooney, con quien viajó a Venecia para presentar esta corrosiva historia sobre unos pobres diablos que acaban enredados con la CIA, este guapo de Hollywood es un padre a tiempo completo desde que comparte su vida con Angelina Jolie. El actor, que en diciembre cumplirá 45 años, borda el papel de un entrenador personal con pocas luces, aferrado a su iPod y adicto al chicle y el Gatorade. Los Coen no jugaron sólo con el peinado de Javier Bardem en 'No es país para viejos', también se apuntan un tanto al presentar a Pitt con tupé desteñido.
-¿Cómo están sus mellizos, Vivienne Marcheline y Knox Leon?
-Muy bien, muchas gracias. Saludables y estupendos.
-Ahora que tienen seis hijos en común, ¿piensa rodar de nuevo con su pareja?
-Ahora mismo sólo pienso en trabajar con George Clooney, tenemos algo preparado para este otoño. Angie y yo trabajamos juntos cada día.
-Se rumorea que Jolie sufre depresión postparto.
-No es cierto. Está cansada pero feliz con nuestros hijos. Afortunadamente todos estamos muy bien, aunque no dormimos nada.
-¿En quién se inspiró para crear su personaje?
-Me lo inventé yo solito en un día. La interpretación no se puede medir, es muy difícil explicar cómo construyes un papel, incluso para mí es un misterio. De hecho, me sorprende de dónde nace la interpretación en mí. A Angelina le pasa lo mismo.
-Podrá decir cómo se prepara.
-Siempre de la misma forma, da igual que sea comedia, drama o aventuras. Lo primero que hago es estudiar el personaje, tratar de estrechar los lazos entre la realidad y la idea que me he formado del papel. Las primeras semanas son de búsqueda, de ir corrigiendo errores. La interpretación no es una ciencia exacta, pero tiene su técnica. Los personajes empiezas a entenderlos como la aritmética, tienes que conocer su mundo.
-En 'Quemar después de leer' hace un papel muy poco habitual.
-Fue toda una sorpresa. Llevo varios años llamando a la puerta de los Coen y nada. Su llamada me hizo muy feliz, pero cuando leí el guión me enfadé por el personaje que me habían escrito.
-Sus próximas películas son dramas: repite con David Fincher en 'El curioso caso de Benjamin Button' y rodará con Terrence Malick 'El árbol de la vida'.
-Creo que últimamente he hecho personajes muy americanos. Estados Unidos está viviendo un momento realmente interesante, sobre todo en la última década, y me he concentrado en personajes que se identifican con mi país. He hecho varias comedias a lo largo de mi carrera, aunque algunas puede que no fueran muy divertidas.
Atrapado por la fama
-'Quemar después de leer' es una historia coral en la que hace de secundario de lujo.
-Cuando eres el protagonista tienes todas las respuestas, sabes cómo salir de todas las situaciones. Todo eso es bueno para el ego, pero es mucho más divertido participar en películas con un gran equipo de actores y ser secundario, interpretar personajes que toman las decisiones equivocadas y que se enfrentan a situaciones delicadas sin éxito.
-¿Ha pensado alguna vez qué hubiera sido de usted si no llega a triunfar en el cine?
-Me habría convertido en una estrella de rock. Todos los hombres tenemos la fantasía de tocar en el escenario delante de mucha gente. No soy bueno, pero toco la guitarra porque me fascina la música. Confieso que ya me he despertado de ese sueño.
-Las estrellas de rock también sufren el acoso de la prensa.
-Lo divertido de todo lo que se dice de nosotros es que no tiene nada que ver con nuestra vida diaria. Decidí ser actor sin saber qué significaba la fama. Una vez que te atrapa, ya no te escapas. Me fascina el cine, adoro la interpretación y hay que adaptarse a todo lo que conlleva estar en esta profesión, que puede llegar a aturdirte.
-¿Se lleva los personajes a casa?
-No. Al contrario, me es más difícil meterme en el papel que desprenderme de él.