Los mercados se hunden y nada consigue devolverles la calma. Ni siquiera una medida tran drástica como una rebaja de tipos de interés coordinada a escala mundial, acompañada por masivas inyecciones de liquidez. Tampoco los millonarios planes nacionales, con el de Estados Unidos a la cabeza, para rescatar a los bancos en apuros y evitar el colapso financiero. La desconfianza sigue dominando un sistema en el que nadie presta dinero a nadie por temor a que el que lo pide quiebre y no lo pueda devolver. La cadena de crédito continúa rota y así no se puede financiar a las economías, que se enfrentan a una recesión global de dimensiones desconocidas, que algunos comparan con la Gran Depresión de 1929.
El desconcierto era ayer total entre los inversores al observar la reacción de las bolsas a una acción histórica y sin precedentes como una rebaja de medio punto en los tipos de interés acordada por los bancos centrales de Estados Unidos, la Eurozona, Inglaterra, Suecia, Canadá y Suiza. Tampoco hubo señales de que el mercado interbancario, en el que los bancos se prestan dinero unos a otros, se vaya a recuperar -el interés de los préstamos a largo plazo apenas se relajó-. La parálisis sigue siendo absoluta porque no se sabe el grado de contaminación con 'hipotecas basura' u otros activos 'tóxicos' de cada una de las entidades que acuden a esta plaza. La cadena de intervenciones en la banca que se ha producido a ambos lados del Atlántico para rescatar firmas al borde de la quiebra ha dejado claro que nadie está a salvo. Por eso existen dudas de que la rebaja de tipos vaya a desbloquear el crédito e incluso que se vaya a trasladar al euríbor, la principal referencia para las hipotecas.
Las bolsas europeas, tras un primer momento de subida, volvieron a sumergirse en las pérdidas sin consuelo alguno. Al cierre, el panorama era aterrador. El Ibex-35 se dejó un 5,2% y acabó en los 10.297 puntos, el nivel más bajo desde septiembre de 2005. Al resto de plazas del Viejo Continente les fue igual de mal: París fue la más castigada, con un retroceso del 6,3%; Fráncfort cedió un 5,9% y Milán, el 5,7%.
Wall Street
Wall Street estuvo dando bandazos durante toda la jornada, como una montaña rusa. Al final de la sesión, el saldo era negativo. El Dow Jones cedía un 2% y se situaba en los 9.258 puntos. Es la sexta jornada consecutiva con pérdidas.
La inestabilidad reinante es abrumadora. No hay que olvidar que si los bancos centrales se decidieron a actuar ayer fue porque el día anterior Wall Street se desplomó y se deslizaba hacia su mayor hundimiento desde 1937. Contagiada por esta debacle, la Bolsa de Japón registró ayer un descenso del 9,4%, el mayor desde 1987.
Todo hacía presagiar un cataclismo en Europa y por eso se tomaron medidas. La Reserva Federal de EE UU, que ya ha dado sobradas muestras de estar dispuesta a hacer todo lo que esté en su mano frente a la crisis, bajó los tipos del 2% al 1,5%. «La intensificación de las turbulencias del sistema financiero causarán restricciones adicionales del gasto porque reducirán la capacidad de empresas y familias para obtener crédito», apuntó su presidente, Ben Bernanke. El caso del Banco Central Europeo (BCE) es todavía más impactante porque sólo hace unos días que había rechazado un recorte de los tipos pese al clamor general. Su máximo responsable, Jean-Claude Trichet, se vio obligado a rectificar y bajar la tasa del 4,25% al 3,75%, aunque hizo lo imposible por disfrazar la 'marcha atrás' con una expliación convincente. «Las presiones inflacionistas han comenzado a moderarse en algunos países como consecuencia, en cierta medida, del acusado descenso de los precios de la energía y otras materias primas», se justificó.
Hasta China puso su granito de arena en este intento global de devolver la calma al mundo con un recorte de tipos de los préstamos a un año. El único precedente que se recuerda de una acción así data del 17 de septiembre de 2001, cuando la Reserva Federal y el BCE bajaron los tipos medio punto para paliar el pánico generado por los atentados terroristas del 11-S.
El 'índice del miedo'
A esta actuación global hay que sumar, además, los planes nacionales que están aprobando distintos gobiernos para aliviar la situación de la banca 'en casa'. La Administración de Estados Unidos, origen de las turbulencias y de las 'hipotecas basura' que han contaminado el sistema financiero mundial, ha sido lógicamente la más agresiva, al poner 700.000 millones de dólares de los contibuyentes. España, que presume de la solvencia de su banca, anunció este mismo martes la creación de un fondo de 30.000 millones para inyectar liquidez a bancos y cajas. Reino Unido ha ido un paso más allá con una nacionalización parcial de su banca por 62.000 millones.
Pero nada. El monstruo de la desconfianza engulló todos los millones invertidos en devolver la calma en cuestión de segundos. «La crisis de confianza es tremenda. Cuando se desata un pánico de estas características, es muy díficil frenarlo», apunta Felipe Serrano, catedrático de Economía de la Universidad del País Vasco. A su juicio, las medidas que se han adoptado están bien encaminadas, pero en estos momentos resulta difícil saber si van a ser efectivas. «La sensación es que se están quemando todos los cartuchos y no se logra restaurar la calma. Los que tienen algo ahorrado de lo único que se fían es de las Letras del Tesoro. ¿Cómo se quita el miedo cuando se ha apoderado así de los mercados?», se pregunta. Un dato demuestra hasta dónde llega la inquietud: el indicador de volatilidad del mercado de opciones y futuros de Chicago, conocido como el 'índice del miedo', subía un 10% horas después del recorte global de los tipos de interés.
«Las medidas llegan tarde y sólo constituyen un parche», apunta más severo José Luis Martínez, estratega jefe de Citigroup. En su opinión, faltan cambios regulatorios de peso que alivien la situación de los bancos como, por ejemplo, nuevas normas contables a nivel internacional sobre la valoración de activos. «El Fondo Monetario Internacional ya ha advertido que la banca necesita recapitalizarse con 600.000 millones de dólares para superar la crisis», señala.
«Lo que estamos sufriendo es una crisis bancaria sistémica y hace falta un plan global», coincide José Carlos Díez, de Intermoney. Ahora todas las esperanzas están puestas en las reuniones de los próximos días. Mañana tienen cita los ministros de Finanzas de G-7, los siete países más industrializados del mundo, y este fin de semana hay asamblea del FMI y del Banco Mundial. «Cuanto más se tarde en devolver la confianza al mercado, mayor será la recesión en la economía real», advierten los expertos.