El Gobierno británico ofreció ayer a su sector bancario capitales, préstamos y avales por unos 505.000 millones de euros para restaurar la confianza en las entidades de ahorro de Reino Unido. El Santander podría beneficiarse de esa medida a través de su filial Abbey. El ministro de Hacienda, Alistair Darling, desveló el paquete de medidas poco después de la apertura de la Bolsa, sólo dos horas más tarde de que altos funcionarios del Tesoro, del Banco de Inglaterra y de la autoridad supervisora de los servicios financieros (FSA) culminasen la redacción del plan.
El paquete se compone de tres acciones: oferta de 63.000 millones de euros a siete bancos y a una mutua de préstamo hipotecario para su recapitalización; doblar, con otros 126.000 millones, el fondo para el canje de activos por pagarés del banco central; y el aval del Tesoro a préstamos interbancarios a corto plazo hasta 316.000 millones.
Darling, que había mostrado su deseo de no reaccionar con pánico a la turbulencia de los mercados, afirmó ayer que hará «lo que haga falta para llegar al final de este proceso». Por su parte, el primer ministro británico, Gordon Brown, calificó estas medidas de «completas, específicas y novedosas» y señaló que «estos tiempos extraordinarios piden soluciones radicales y de largo alcance».
El titular de Hacienda pidió que no se juzgue el plan por la reacción de la Bolsa, que ayer cayó en las primeras horas, para remontar tras el anuncio del Banco de Inglaterra de su propia reducción del tipo -del 5% al 4,5%- en la acción coordinada de los bancos centrales, para desplomarse después y dejar el índice FTSE100 un 5,18% más bajo que en la apertura.
Nacionalización parcial
El paquete de medidas, que se financiará con deuda, ha sido calificado de nacionalización parcial, por el nivel de endedudamiento y dependencia de los bancos respecto al Gobierno y porque la mitad del dinero para la recapitalización de los balances se dará, a quien lo solicite, a cambio de acciones preferenciales, que reciben interés pero no dividendos.
La recapitalización está encaminada a salvar la debilidad de los grandes bancos británicos para cubrir los criterios de solvencia según los acuerdos de Basilea, promovidos por el Banco Internacional de Pagos. Las entidades de las islas recurren a préstamos de entidades nórdicas o japonesas para financiar sus operaciones. La paralización de ese mercado por la sospecha de los prestamistas sobre la solvencia de los británicos ha creado incertidumbre sobre su capacidad para afrontar los pagos, lo que está afectando a otros sectores de la economía.
La acción del Gobierno intenta restaurar la salud de los bancos y al mismo tiempo ofrece un aval público a los préstamos a un plazo máximo de tres años que contraigan las entidades en el mercado interbancario. Las reacciones a estas medidas han sido, en general, positivas, pero también se ha destacado que unos mercados volátiles pueden caer sobre el primer banco que se acerque al Tesoro para buscar su recapitalización o desviar su atención hacia el creciente endeudamiento del Estado.
Darling y Brown dijeron ayer que la operación no tiene por qué suponer pérdidas para el contribuyente. Pero las reglas de prudencia presupuestaria que se habían marcado están rotas y la independencia del Banco de Inglaterra ha sido quebrada, por la obvia coordinación política de una reducción de tipo que el comité de política monetaria tenía que debatir hoy.
Los que sí han registrado ya pérdidas son los inversores que habían depositado sus ahorros en filiales de la banca de Islandia en Reino Unido. Entidades islandesas como Kaupthing, la mayor del país, o Landsbanki, que el pasado martes fue puesta bajo administración, presentan serias dificultades y han tenido que recibir préstamos del banco central de su país y del Banco Nacional de Suecia.
Muchos inversores tenían sus ahorros en Icesave (banca por Internet) y Heritable Bank, ambas fialiales de Landsbanki. El Gobierno británico salió ayer al paso y ha prometido acciones legales para recuperar su dinero.