Nunca hasta ahora el Museo de Montserrat había exhibido una representación tan amplia de su colección fuera de los muros de la abadía. Desde hoy, la sala de exposiciones del BBVA en Madrid permite recorrer dichos fondos en un itinerario cronológico que comienza en el siglo XII y culmina en la pintura impresionista y las vanguardias históricas. Aunque la joya de la muestra es el 'San Jerónimo penitente' de Caravaggio, uno los cinco cuadros del autor barroco localizados en España, la convocatoria incluye unas cien obras de autores de la talla de Alfred Sisley, Claude Monet o Edgar Degas, además de cuatro piezas de Pablo Picasso y tres de Salvador Dalí.
El patrimonio artístico del santuario catalán es excepcional por su gestación y tan sólo ha sido divulgado fuera de la institución mediante préstamos puntuales. Su constitución es relativamente reciente y responde a los avatares sufridos por el monasterio. El conjunto monumental fue incendiado y buena parte de sus antiguos bienes desapareció tras la invasión francesa de 1808. Posteriormente, sufrió la dispersión del resto de sus pertenencias como consecuencia de la desamortización de Mendizábal.
La regeneración tuvo lugar a mediados del XIX gracias a los esfuerzos del abad Antoni M. Marcet, impulsor de su excepcional biblioteca, poseedora de cuatrocientos incunables, y artífice de una ambiciosa pinacoteca mediante una estrategia moderna de adquisición que la homologa con otras colecciones europeas de la época. La base de esta nueva recopilación se encuentra en la compra en Roma del lienzo de Caravaggio, seguida de la de otras piezas de El Greco y Berruguete.
Pero el definitivo establecimiento de la identidad como museo se debe a su sucesor, Aureli M. Escarré, instigador de la donación del industrial Josep Sala, que convirtió al monasterio en poseedor de una notable selección de arte moderno, con una buena participación de plástica catalana e impresionista francesa. La muestra abierta en Madrid ofrece la posibilidad de admirar óleos de Monet, Sisley, Degas y Pisarro.
Pero la columna vertebral de la exposición gira en torno a la pintura realizada en el Principado en los siglos XIX y XX. Las obras presentadas en el Palacio del Marqués de Salamanca evidencian la influencia parisina, con la Exposición Universal de Barcelona de 1888 como eje motriz del cambio estético. La introducción de la nueva corriente se manifiesta, por ejemplo, en los trabajos de Modest Teixidor y Romà Ribera. La estancia de catalanes en Montmartre se testimonia en la obra de Santiago Rusiñol, uno de los artistas mejor representados en el museo; pero también en Ramón Casas e Isidre Nonell.
Junto a las telas, la exposición incorpora obra sobre papel de Mariano Fortuny, una acuarela del famoso retratista John Singer Sargent y dibujos de Juan Gris, Jean Metzinger y Antoni Tàpies, entre otros.