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Sociedad

08.10.08 -

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El obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, defendió ayer el contenido doctrinal claro y vigorosos de la homilía. Blázquez, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), fue el primero de los tres representantes españoles en el Sínodo que habló ante la asamblea (los otros son los cardenales de Madrid y presidente de la CEE, Antonio María Rouco Varela y el de Toledo, Antonio Cañizares) y lo hizo sobre uno de los puntos que más preocupan a los asistentes, el de la homilía, de la que el cardenal de Quebec, Marc Ouellet, insistió el lunes que había que cuidarla porque «las mal celebradas propician que muchos fieles huyan a otras religiones».
El prelado manifestó que en la preparación de la misa es oportuno que el predicador se haga tres preguntas: «¿Qué dicen las lecturas que van a ser proclamadas durante la celebración?, ¿Qué me dicen personalmente a mí? y ¿Qué debo comunicar a los participantes en la Eucaristía?».
«Sin convertir las homilías en catequesis, deben tener un contenido doctrinal claro y vigoroso», afirmó Blázquez ante 242 de los 253 padres que asisten a un Sínodo, que tiene como lema 'La palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia'.
Blázquez señaló que el primer destinatario de la homilía es el propio celebrante, que no se trata de unas palabras dirigidas a otros «y desde luego no es una palabra lanzada contra otros». Por ello, debe ayudar a los oyentes a interpretar la historia a la luz de la muerte y resurrección de Jesús. «La homilía es un eco de la predicación de Jesús en la Sinagoga de Nazaré».
Igual que los demás participantes, Blázquez tuvo cinco minutos exactos para exponer su discurso. Para respetar estos tiempos, los micrófonos de los oradores están programados y se silencian cuando se agota el tiempo.
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