Exposiciones como ésta entran pocas en un siglo. Es un acontecimiento artístico de primera magnitud. Una pasada de desmesura fastuosa que ocupa tres prestigiosas pinacotecas de París. Las galerías del Grand Palais y los museos del Louvre y Orsay abren sus puertas a la celebración grandiosa de 'Picasso y los maestros'. Una acumulación histórica e irrepetible de obras maestras ilustra el diálogo íntimo del genio malagueño con sus fuentes de inspiración, emulación y superación. Entre relecturas, metamorfosis y variaciones se asiste durante los próximos cuatro meses a una historia concentrada de las esencias del arte.
El Louvre agrupa en torno a 'Mujeres de Argel' de Delacroix (1834) ocho de las quince versiones pictóricas realizadas por Picasso durante el invierno de 1955, un homenaje al color, al orientalismo y a Jacqueline. El museo de Orsay reúne 14 de los 26 'desayunos en la hierba' pintados entre 1960 y 1961 con el referente del lienzo de Manet (1863). Pero es el Grand Palais donde, con la exhibición de 210 obras valoradas en 2.000 millones de euros, se produce el apogeo de lo que los organizadores denominan «un canibalismo pictórico sin precedentes» que, en ruptura con los procedimientos académicos de transmisión y reproducción de la tradición, «erige en sistema la pintura de la pintura».
El museo efímero construye un panteón con las figuras insoslayables de la mordernidad que para Picasso son El Greco, Goya, Velázquez, Poussin, Ingres, Manet y Cézanne. Pero sin olvidar el magisterio de Zurbarán, Tiziano, Renoir, Degas, Murillo o Rembrandt. Autorretratos, retratos, desnudos, bodegones, escenas históricas o constumbristas ponen firmas españolas, francesas, italianas, alemanas, flamencas u holandesas a una manifestación que ha costado más de cuatro millones de euros, la cuarta parte subvencionada por el grupo de lujo LVMH.
Entre las joyas excepcionales que jalonan el universo referencial de Picasso, destaca 'La maja desnuda' que sale por primera vez del Prado desde 1930. «Se trata de un préstamo político, una manera de sellar la amistad entre Francia y España. Es como si el Louvre prestara la 'Gioconda'», se entusiasma Anne Baldassari, directora del Museo Picasso de París y 'alma mater' de la muestra. A su juicio, la inspiración en el autor del 'Guernica' no funciona como «pastiche ni paráfrasis, sino como reinterpretación sin tabú ni fetichismo». «Cuando Picasso mira las obras de Velázquez, Van Gogh o Cézanne, no busca en ellas un motivo sino lo que hace que sean revolucionarias y que hayan cambiado el mundo», explica.