La crónica de una marcha anunciada. Gaspar Llamazares confirmará hoy que tira la toalla. Tras varios batacazos electorales y con una organización fracturada, el coordinador general de Izquierda Unida dimitirá de su cargo a finales de este mes, aunque permanecerá como diputado en el Congreso. Lo hará en vísperas de la IX asamblea federal de la coalición, que se celebrará el 15 y 16 de noviembre con un desenlace incierto.
La posición de Llamazares dentro de IU se había tornado imposible después de los comicios del pasado 9 de marzo. La formación de izquierdas sacó un 3,80% de los votos -el peor resultado de su historia- y un sólo diputado, el propio Llamazares, quien la misma noche electoral habló de «fracaso sin paliativos», asumió toda la responsabilidad y anunció que no continuaría al frente de la organización.
Aunque sus críticos, instalados en la dirección del Partido Comunista, le instaron a abandonar de manera inmediata el puesto, Llamazares aguantó la presión. Según trascendió ayer, dejará el cargo de manera oficial el próximo 25 de octubre en la asamblea de IU de Asturias, pues fue ésta la que le propuso como coordinador general en 2000. Fuentes próximas a Llamazares aseguraron ayer a Efe que con su decisión quiere contribuir a la conciliación de los sectores enfrentados dentro de IU. Un objetivo que, a corto plazo, se antoja muy complicado.
Tres facciones compiten por liderar la coalición. Por un lado se encuentran los afines a su todavía máximo dirigente, un grupo que en estos momentos está en minoría. Al otro lado de la balanza se sitúa el PCE liderado por Felipe Alcaraz y Francisco Frutos, que quiere recuperar su protagonismo perdido dentro de IU. La última familia en liza es la autodenominada 'Tercera Vía', apoyada por las federaciones de Madrid, Cataluña y Aragón, y que en los últimos meses ha intentado buscar puntos de acuerdo con el PCE. En esta pelea, el coordinador vasco, Javier Madrazo, y Ezker Batua siempre se han posicionado en favor de Llamazares.
Cisma
A pesar de los llamamientos al consenso, la crisis afecta a los cimientos de la coalición. Cada uno de los sectores ha enviado su propia resolución política, se acusan de manipular los censos -Madrazo sostuvo en agosto que alguno de sus compañeros los «inflaba»- y de intentar controlar a los delegados, claves para elegir la nueva dirección.
El cisma es tal que. preguntado ayer por la marcha de Llamazares, Frutos, secretario general del PCE, no disimuló: «No me interesa nada lo que decida este hombre. Lo podría haber hecho mucho antes y a IU le habría ido mejor». Para Alcaraz, presidente de los comunistas, su adiós «ayudará a conciliar las posiciones enfrentadas». IU de Aragón dijo que «tenía fecha de caducidad» y sólo la dirección de Asturias salió en su defensa afirmando que ha sufrido un «acoso personal».
Llamazares relevó a Julio Anguita al frente de IU en 2000. Ganó a Frutos por un solo voto. Ahora toca buscarle sustituto.