No hubo una conversación en la catedral, sino muchas. Y todas fueron de lo más frívolas. Casi dos mil personas, una pasarela de 150 metros de largo enmarcada en un claustro gótico... Esther Cañadas que vuelve a recuperar sus ademanes felinos, Victoria Abril que no se 'pué aguantá' y les grita «¡Tío bueno!» a los modelos más musculados... Gary Dourdan, el 'negrazo' de CSI, que no para de dar palmas como si el desfile fuera un tablao... ¿Y todo esto ocurrió en Lérida? ¡Pues sí!
El diseñador Custo, leridano de cuna, quiso homenajear a su provincia natal celebrando, el jueves por la noche, un espectacular desfile en 'La Seu Vella', la antigua catedral leridana. Y no se le ocurrió nada mejor que bañar la torre del campanario y el claustro del siglo XIV con una luz de color rosa fucsia. Custo eligió Lleida como única ciudad europea donde se podrá ver la colección de primavera-verano que hace menos de un mes presentó en la Fashion Week de Nueva York. El contraste entre Historia y modernidad resultó de lo más vistoso. Pero el auténtico espectáculo estuvo en el 'paisaje humano'.
Esther Cañadas reaparecía esa noche en la pasarela española tras su reciente separación matrimonial y eso (lo primero) había que celebrarlo. La 'supertop' no decepcionó en el desfile, donde derrochó a manos llenas el felino poderío que la llevó a convertirse en icono internacional de la moda. Pero luego, ante las cámaras, se mostró más recatada que una ursulina.
El trabajo de Cañadas
Como algunas tribus primitivas, teme Cañadas que los objetivos lleguen a robarle el alma. O, lo que es lo mismo, la intimidad, el porqué de su sonado fracaso sentimental con el motorista Sete Gibernau, pocos meses después de su boda (algo semejante a lo que le ocurrió con su primer marido, Mark Vanderloo). Por eso se enfrentó a la prensa muy simpática, pero escueta y resolutiva. «Estoy encantada de desfilar hoy aquí. Muchas gracias. Adiós». Sin embargo, no le salió del todo bien la estratagema y tuvo que contestar algunas preguntas.
«He vuelto a retomar mi vida laboral -admitió-. En la vida hay etapas para todo, y cuando hay más tiempo haces más cosas...» (¿Más tiempo?, cabía preguntar. ¿Quieres decir que ahora que no tienes pareja has optado por la socorrida terapia ocupacional?) Pero Esther, intuyendo lo que flotaba en el ambiente, se adelantó con un aterrado: «No, por favor, no vayáis por ahí. No, no, no...». Luego admitió que vuelve a vivir a caballo entre España y Nueva York, donde piensa pasar mucho tiempo, pero que no quiere abandonar del todo su país, porque le hace feliz estar en familia. «Mi sueño ahora mismo -dijo- es convertirme en madrina de una de mis sobrinas, que se llama Abril».
«De crisis, ni hablar»
Abril, qué casualidad, igual que el apellido de la otra invitada estelar de la noche. Victoria Abril no desfiló, pero casi. «Cantadme canciones de amor», les sugirió a los fotógrafos. «Vengo de Sevilla, donde he estado ensayando mi último disco -contó-. Se va a llamar 'Oh, la, la!' y esta próxima semana empiezo la 'tournée' por Francia. Sigo sin ser profeta en mi tierra, pero esta vez me voy a empeñar mucho en que me oigan también aquí».
El nuevo disco de Abril contiene 'chansons d'amour', pero en clave de flamenco. «Ahora canto 'La vie en rose' por bulerías», explicó Victoria, justo antes de exclamar incontenible: «¡Ay, qué alegría, la vida en rosa!». A su lado, Rossy de Palma lanzaba consejos de índole financiera inspirados claramente en la doctrina Solbes. «Creo que es mejor no hablar de crisis, porque al final nos vamos a 'encrisar' y eso puede resultar fatal. Así que relajémonos un poco, por favor».
Pero el actor Gary Dourdan y su despampanante novia, recién llegados de Ibiza, no estaban allí para relajarse ni recatarse, por más que los metieran en un claustro.