ETA eligió ayer el edificio de los Juzgados de Tolosa para continuar con su campaña de atentados. La banda hizo estallar alrededor de cinco kilos de explosivo en la fachada del inmueble, con lo que provocó abundantes daños materiales. El único vigilante que custodiaba las instalaciones salvó su vida gracias a que los terroristas avisaron con veinte minutos de antelación del estallido y pudo salir a tiempo de su oficina. Después de que hace dos semanas atentase en el mismo día contra el Ejército en Santoña, contra la Ertzain-tza en Ondarroa y contra los intereses económicos en Vitoria -con el coche bomba que hizo explotar ante la Caja Vital- la banda colocó a la Justicia en su diana. Desde el fin de la tregua, éste sería el cuarto ataque contra las instituciones judiciales.
El comando de ETA no tuvo ningún problema para llevar a cabo su acción. Según la grabación captada por las cámaras de seguridad, a las doce y cuarto de la noche dos jóvenes se acercaron hasta los juzgados, situados en la plaza San Juan Arramale, y colocaron una mochila en una contraventana de la primera planta. Los dos etarras no han podido ser identificados, dada la baja calidad de las imágenes. Los propios activistas eran conscientes de que el edificio estaba sometido a videovigilancia y en sus movimientos se evidencia que intentan evitar los ángulos en los que podrían ser reconocidos. El hecho de colocar la bomba a cierta altura es una práctica habitual de los etarras. Pretenden así dificultar la labor de los artificieros en el caso de que el explosivo sea localizado antes de que se produzca la deflagración.
En el atentado del sábado, sin embargo, nadie detectó la bomba. Al parecer, el vigilante que tenía como misión atender las cámaras no vio en ningún momento a los dos etarras, por lo que ahora se investiga si se produjo algún tipo de error o negligencia. Los terroristas se marcharon tranquilamente.
Cuarenta minutos más tarde, un hombre llamó por teléfono a la DYA de Guipúzcoa para alertar del explosivo y anunciar que iba a estallar a la una y cuarto. El comunicante no utilizó ningún dispositivo para encubrir su voz.
Salvado «de milagro»
Con los veinte minutos de margen que dio el comando, la Ertzaintza tuvo tiempo de asegurar la evacuación del vigilante del edificio y acordonar las inmediaciones del palacio. A la hora anunciada, la bomba estalló. El agente de seguridad salvó su vida «de milagro», según señaló posteriormente el consejero vasco de Justicia, Joseba Azkarraga.
La onda expansiva arrasó el interior de la sede y lanzó una lluvia de cristales rotos y cascotes hacia la calle. La zona de atención al público quedó destrozada, al igual que la biblioteca y el despachó de un juez, situados ambos en el primer piso. En la calle, la detonación afectó a las viviendas más próximas y, en especial, a un ambulatorio cercano. La Ertzaintza informó de que veinte automóviles aparcados en los alrededores resultaron con desperfectos. Según Joseba Azkarraga, las labores de desescombro que comenzaron ayer mismo serán rápidas para intentar que el área de atención al público pueda estar operativa mañana o el martes.
Según las primeras estimaciones, la bomba estaba compuesta por cinco kilos de un explosivo aún por determinar. Las hipótesis policiales barajan la posibilidad de que el ataque sea obra de las estructuras que sobrevivieron a la caída del 'comando Vizcaya'. En especial, a los grupos de 'legales' -no fichados- que formaban la red de apoyo al 'liberado' -a sueldo de la organización- Jurdan Martitegi. En este sentido, el propio 'modus operandi' de los terroristas es similar al utilizado por Martitegi en acciones como la perpetrada contra la comisaría de Zarautz el pasado año.
El atentado fue condenado ayer por todas las fuerzas políticas, mientras que la izquierda abertzale mantuvo su habitual silencio. El consejero de Justicia se trasladó hasta el lugar del atentado y criticó la postura de Batasuna. Azkarraga agregó que «ninguna actuación judicial, por muy dudosa que sea, debe ser respondida con violencia». Por su parte, el delegado del Gobierno, Mikel Cabieces, vaticinó que será la propia Justicia «la que castigue más pronto que tarde a los autores del atentado». Las organizaciones de jueces manifestaron también su repulsa por el ataque. Jueces para la Democracia destacó que ningún profesional «va a dejarse amedrentar».