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Política

05.10.08 -

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«Fue una carrera contra el tiempo. Desde que nos avisaron hasta que estalló la mochila apenas pasaron diez minutos. Nos dijeron que nos echáramos al suelo en la zona más alejada del Juzgado. Nos tumbamos en la sala. Mientras estaba en el suelo me acordé del atentado de Ondarroa y pensé en lo peor». La noche fue larga para los vecinos de los Jardines del Árbol de Gernika de Tolosa.
La mochila bomba colocada por ETA en la fachada del Palacio de Justicia hizo «retumbar» sus hogares, torres de viviendas de hasta diez alturas, edificadas a pocos metros de la sede judicial. Pocos pudieron pegar ojo.
Tras la explosión, «se hizo el silencio. En la calle sólo se escuchaban los gritos de los ertzainas pidiendo que no saliéramos. Creían que podía haber una nueva explosión», recuerda Edurne, vecina de uno de los bloques. «Hasta que no te toca cerca de casa no sabes lo que es esa inquietud», explica.
La onda expansiva rompió los cristales y las persianas del ala de viviendas que da al Palacio de Justicia. «Un poco más y me tira del sofá», afirma Ricardo, de 79 años.
El atentado también obligó a desalojar a los clientes que en ese momento cenaban en el restaurante El Frontón.
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