-El libro que acaba de publicar se lo dedica a su esposa, otro anterior a su hija. ¿Es su familia su principal refugio?
-Sin duda alguna. Pero también me he sentido arropado por el Gobierno y el partido. Siempre ha habido gente que ha pensado que soy medio nacionalista o que estoy contaminado. Nunca lo he entendido muy bien. Soy consciente de que sobre mí se dicen muchas barbaridades. Tengo la piel muy curtida. Lo que realmente te afecta psicológicamente es la sensación de que van pasando los años, te vas haciendo viejo y no consigues que esto acabe. Me acuerdo que cuando acabó el franquismo todos pensábamos que la violencia había terminado. Y comprobar que todo sigue igual, sí que te hace mella.
-¿Por qué cree que pesa sobre usted esa imagen 'sospechosa'?
-El problema es que siempre he defendido el socialismo vasquista. Ahora está asumido, pero durante mucho tiempo se pensó que era una concesión al nacionalismo. Siempre he pensado que teníamos que defender el autogobierno con todas las consecuencias, que no teníamos que buscar el enfrentamiento con el PSOE, pero que los conflictos existen, y si los hay, tenemos que defender nuestra postura como socialistas vascos, como lo hacen los catalanes.
-En su libro viene a decir que no hay solución definitiva para el problema de la violencia en Euskadi.
-Hallar una solución al problema vasco en un día y una hora concreta es un cuento chino. Es como cuando el PNV dice que todo se va a solucionar con la consulta o la izquierda abertzale con la autodeterminación. A lo que se puede aspirar es a un arreglo que no será definitivo, un arreglo entre los vascos y de los vascos con Madrid.
-Y una salida pueden ser los fueros.
-Hay una Disposición Adicional en la Constitución que se puede explorar. Es una puerta abierta a la particularidad del País Vasco y Navarra, el reconocimiento a una autonomía política que tiene un fundamento y unas características distintas al del resto de autonomías. El problema es que el nacionalismo vasco no lo quiere admitir porque sería asumir que la actual Constitución tampoco es tan mala.
-¿Pero realmente cree que la izquierda abertzale se contentaría con los Fueros?
- El problema de Batasuna no es que acepte o no los derechos forales. Hay una cuestión previa, tiene que admitir que no se puede hacer política y a la vez apoyar el terrorismo. Mientras no haga eso, lo demás es hablar en el aire.