Pasó desapercibido en medio del cataclismo financiero que acompañó a la ley de rescate aprobada el viernes por el Congreso de EE UU, pero el martes, el presidente George W. Bush atendió las súplicas de las empresas automovilísticas al firmar un préstamo de 25.000 millones de dólares a bajo interés. «Nadie compra coches», se quejaba a la CNN Robert Crisafi, un vendedor. «Las financieras no están financiando y la gente no consigue préstamos».
El 90% de los turismos que se venden en EE UU se hace a plazos, por lo que la paralización de los préstamos ha sido el golpe de gracia para un sector que acaba de sufrir el peor mes de su historia. La costumbre de presumir del 'coche del año' se había tambaleado con la crisis económica antes de que la banca de inversión pereciese en Wall Street, pero septiembre ha supuesto una nueva marca hacia abajo, más intensa en los últimos diez días que en los diez primeros, lo que implica una futura aceleración de esta crisis. Las ventas de Ford cayeron un 35%, las de Chrysler un 33% y hasta el gigante japonés Toyota experimentó una caída del 32%, la peor en 21 años. Sólo General Motors parecía haber amortiguado el golpe al bajar un 16%, pero los expertos apuntaban que eso había sido gracias a la venta de flotas a compañías de alquiler, lo que le ayuda a deshacerse del inventario pero mejora poco su cuenta de resultados por vender a precio de saldo.
Cierre de concesionarios
Son las ventas más bajas que haya visto la industria en 15 años. La National Auto Dealer Association calcula que este año se venderán 14 millones de vehículos en EE UU, cuando en un año cualquiera con 16. Los reajustes propios del mercado acaban cada año con entre 75 y 150 concesionarios de coches nuevos, pero éste ya han cerrado 600 y se teme que a final de ejercicio sean 800. Por primera vez desde la II Guerra Mundial se caerá por debajo de los 20.000, lo que tendrá un grave impacto en el 1,1 millón de empleados que trabajan para los 20.770 que existen actualmente.
La situación económica y la subida del precio de la gasolina les ha quitado a muchos las ganas de tener coche, pero los que no pueden evitar el desembolso también tienen más problemas para conseguirlo. El año pasado se aprobaron el 83% de las peticiones para financiar la compra de automóviles, según CNW Marketing Research. Para cuando se colapsó la circulación crediticia el mes pasado ya se había bajado al 63%, y los que obtenían esos créditos ya no era al 7% de interés, sino entre el 10% y el 20%, contando que pudieran probar un trabajo sólido y patrimonio para el aval.
Con el barril de petróleo en torno a los 100 dólares se han acabado los tiempos de las camionetas pick-up y las grandes SUV. Los tres grandes de Detroit invertirán este año en vehículos eléctricos, para los que buscan descuentos fiscales del Gobierno. Es para esa actualización energética a lo que deberían destinar el préstamo gubernamental que proporcionará 5.000 millones de dólares a cada uno de los tres grandes y créditos más pequeños a otras firmas del sector. Esta financiación les da un balón de oxígeno. Sin embargo, los analistas coinciden en que no será la última intervención gubernamental para rescatar a los grandes del automóvil. Si la Reserva Federal se ocupó de la aseguradora AIG, ¿qué impide que ellos pongan la mano?.