Tras la aprobación por parte del Congreso de EE UU del plan de rescate de George W. Bush, los líderes de las principales potencias europeas se reunieron ayer para acordar su propia respuesta ante la crisis financiera. El encuentro dio sus frutos, aunque no se logró proyectar esa imagen de unidad que se pretendía debido a la diferencia de criterios a la hora de abordar la situación. Entre las medidas consesuadas cabe destacar que Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido dieron luz verde a la intervención estatal para salvar bancos en apuros, ahora bien, «cada gobierno actuará por su lado» y no se creará ningún fondo europeo de apoyo. Lo que sí se acordó es que «los directivos responsables de la quiebra sean sancionados y que los accionistas soporten el coste del fracaso».
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, que este semestre ejerce la presidencia de la Unión Europea, promovió esta minicumbre a la que invitó a los líderes de los países europeos que forman parte del G-8, lo que dejó fuera a España. A la cita, celebrada en el Palacio del Elíseo en París, acudieron los jefes de Gobierno de Alemania, Angela Merkel; Reino Unido, Gordon Brown; e Italia, Silvio Berlusconi. También fueron el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, el del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, y el del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker.
Discrepancias
Después de una reunión de tres horas, todos ellos comparecieron para exponer las conclusiones en un claro intento de mostrarse unidos ante la crisis. Pero los matices que cada uno destacó dejaron bien claro que mantenían discrepancias en varios puntos.
Sarkozy, como anfitrión y protagonista indiscutible del evento, enumeró los distintas medidas aprobadas. En relación al rescate de bancos en dificultades, explicó que «cada gobierno actuará con sus propios medios y métodos, pero de manera coordinada con el resto de Estados europeos». Y resaltó el compromiso común de sancionar a los directivos y cargar a los accionistas con el coste de la intervención. La canciller alemana, sin embargo, aprovechó la ocasión para arremeter contra la conducta de Irlanda en este campo, al asegurar los depósitos de los bancos nacionales durante dos años, lo que ha causado un trasvase de capitales. «Hay que actuar de forma equilibrada y no causar perjuicios los unos a los otros», apuntó.
También se acordó pedir a la Comisión Europea flexibilidad para poder conceder, en estos momentos de crisis económica, ayudas estatales a las empresas. De la misma forma, se solicitó menos rigidez en la aplicación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que obliga a mantener el déficit público por debajo del 3%, dadas las «circunstancias excepcionales en que nos encontramos». Dentro de este capítulo, se pedirá al Banco Europeo de Inversiones financiación de 35.000 millones de euros para las pymes.
Otro punto importante es el referido al acuerdo para reformar las reglas contables con el objetivo de facilitar las cosas a los bancos en esta etapa de falta absoluta de liquidez. Los líderes europeos también respaldaron la convocatoria «lo antes posible» de una cumbre internacional para la «refundación del sistema bancario mundial», en la que se deberá pactar reglas de supervisión para todos los actores del mercado, no sólo para los bancos comerciales sino también para las agencias de calificación del riesgos, los 'hedge funds' y los bancos de inversión.
«Queremos poner las bases de un capitalismo de empresarios, no de especuladores. Queremos un nuevo mundo tras Bretton Woods. Construir algo en lo que la gente tenga confianza», proclamó Sarkozy tras el encuentro.