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Cultura

CRÍTICA DE CINE

05.10.08 -

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Cine para demócratas
Querámoslo o no, hemos llegado a un punto en el que casi cualquier manifestación cultural viene marcada por intereses políticos. Desde 'Batalla en Seattle' hasta 'High School Musical' el bombardeo de mensajes, ya sean subliminales o explícitos, a los que se somete al espectador dejan en paños menores a la metáfora orwelliana. Pero si algo ha quedado demostrado con la práctica es el hecho de que los primeros siempre acaban siendo más efectivos.
Towsend se suma a la nómina de realizadores que han apostado por subrayar, con rotulador, la larga lista de males provocados por la globalización aunque, como suele ocurrir en estos casos, las buenas intenciones se agotan una vez plasmadas en imágenes las dos líneas de guión sobre las que se sostiene el discurso. Que me perdonen mis 'amigos americanos' (McCain y Obama), pero la ópera prima del británico es una cinta realizada a la medida de un público orgulloso de su analfabetismo cultural, al que se le dedica una breve explicación referente a las siglas de las grandes instituciones supranacionales que manejan los destinos de nuestras economías. Situando a la OMC en el centro de la diana crítica, Towsend relata los disturbios que sucedieron a las protestas de los movimientos antiglobalización durante la conferencia de Seattle de 1999, un hecho histórico que hasta la fecha no había sido reflejado en el cine, pero que llega en un momento en el que ya comenzamos a notar las consecuencias de la crisis. Lamentablemente, el realizador opta por diluir la carga de profundidad con la que arrancan los primeros compases de la película en una aparatosa puesta en escena salpicada por violentas explosiones de superficie que convierten a 'Batalla en Seattle' en una película de acción protagonizada por activistas políticos. Towsend supera por poco los estrechos límites de las producciones comerciales más progresistas, pero la ferocidad de su crítica no va más allá de la pataleta de un niño.
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